sábado, marzo 30

Convergencia


Dos veces me detuvieron
por tener sexo en el auto.

Al salir, a punta de pistola,
mi cinturón bajo el asiento

era un conejo afiebrado
tiritando en su madriguera.

Pero fue con chicas en épocas dispares:
la una mi novia de años,
la otra que ni siquiera quiso ser mi novia.

Algo tenían en común: la histeria 
les llenaba su boca de palabras.


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