lunes, enero 16

Insomnio


Las pastillas se disuelven en tu saliva, impregnan tu sangre con una tintura comprada a hora pico en una tienda de sanguijuelas, el cambio de piel es imposible en esta oficina repleta de gángsters: putillas del rubor rosado, vírgenes como Adela, fusilados y contrabandistas con falda de corte inglés o corbatas de terciopelo azul. Finges no saber nada de los alacranes en el elevador. Las ratas que carcomieron la base de los escritorios fueron una mala inversión en la bolsa. Ese que firma un cheque rubrica su epitafio.

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