martes, enero 17

Incursión al Mohave


A Amaranta Caballero

Vagamos por las ruinas de un parque rojo. Con estribillos en los dedos enredados, en los zapatos, decidimos entrar al desierto: un águila y varias mujeres desnudas que flotaban sobre sus motos hacían ver en los muros una plenitud pegajosa. Lo irreal asaltaba, nos cubría la memoria, la engatusaba. El olvido fue el estallido de un diamante que recuperé tras el vidrio sucio del tiempo, bajo la mirada de un anciano que torcía la boca con desprecio. Bebimos el ámbar amargo de la cerveza, la incógnita repetida, la soledad muda de nuestros padres con el corazón despostillado. Todo ocurrió al menos dos veces, como en un sueño oprimido por un sol opaco y aplastante: luego el anciano era otro, un hombre que extendió su mano de boxeador para pedirme unas monedas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario