sábado, junio 13

Publicidad cero


La crisis económica puso a la "industria" a caminar con un pie, y el del H1N1 ha terminado por hacer resbaladizo el piso. Los copys -como les llaman en Guanatos a esta mezcla de redactor publicitario y corrector-, que no generan riqueza (nunca me compré un auto nuevo), son los primeros en atorarse en la puerta abierta de par en par al huir con la estampida.
Recorte de personal, le llaman como si fuera una tarea escolar, o escolástica: las empresas más fuertes redujeron su presupuesto más del 50 por ciento y tomaron otras medidas preventivas o extremas, una especie de Popeye sin espinacas haciendo ejercicio de brazos entre las mandíbulas de un cocodrilo -la lengua como caminadora fija a alta velocidad. Como era de esperarse, editar la revista interna de la agencia era un lujo imposible de sostener, así que fui uno de los candidatos más fuertes para echar a volar.
Extraño ese estira y afloja que me significaba idear nuevas frases fáciles. Pero qué hacer, el microbús de la cotidianidad sigue en marcha pese a todo y más vale no quedarse atorados en un alto inesperado.
Al frilanceo, a escribir libros que otros firmarán (otra vez), a corregir libros de la tonta academia, hacerla de espectro volátil para pagar la renta.
Punto final al dilema publicitario.

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