miércoles, noviembre 12

Metrópolis busca patrocinios


A continuación transcribo la carta que envié a mis contactos en días pasados. A partir de entonces Metrópolis ha recibido donaciones y seguimos en pláticas con empresas e instituciones para lograr susbsidios o patrocinios. Por supuesto, toda propuesta es bienvenida.



Hola a todos.

Escribo este correo para compartirles una noticia sobre Metrópolis, supongo que mala, aunque con la esperanza de que cambie de signo. Sucede que la Universidad de Guadalajara nos apoyó durante seis números, según se tenía contemplado, algo que agradecemos muchísimo, pero ese subsidio finalizó en octubre y a partir de noviembre no tendremos presupuesto.

De seguirse imprimiendo, Cultura UdeG continuará, por lo pronto, distribuyéndola este año (una atención sin duda también agradecible).

Metrópolis
concursó en la beca estatal del CECA en el rubro de revista impresa y, lamentablemente, no fue elegida. Ganó una publicación que no conozco y a la que le deseo mucha suerte. Supongo que los jurados tendrán sus razones al haber ignorado a Metrópolis. Yo sólo conocía dos criterios, los expuestos por el CECA en su página de internet: el impacto social y la calidad.

En cuanto a impacto social, Metrópolis, que es una revista independiente, ha sido distribuida por la Universidad de Guadalajara en librerías y centros culturales tapatíos, y hasta ha tenido que volver a surtirse varias veces en lugares como el Fondo de Cultura Económica o el Museo de las Artes porque, literalmente, vuela. Después de todo, Metrópolis es gratuita y... llamativa.

Han sido meses muy intensos y llenos de satisfacciones para quienes en ella colaboramos, pues nos propusimos una periodicidad mensual (y un diseño diferente cada vez) que muy pocos son capaces de cumplir, sin dejar de lado que al menos hemos dado a conocer poesía que ojalá los lectores lleguen a considerar entrañable.

No sólo hemos publicado a poetas de varios estados de México, sin dejar de lado a la producida en Jalisco, sino que también hemos incluido a poetas de las más disímiles latitudes: Estados Unidos, Brasil, Chile, Argentina, Perú, Francia, Alemania, España, Marruecos... todo, en seis meses.

De hecho, ya está diseñada y -de contar con los recursos- lista para imprimirse la de noviembre.

La hemos presentado en el festival internacional de Santiago de Chile y como invitados en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, y el mes entrante se presentará también en Latinale, un importante festival de poesía latinoamericana celebrado en Alemania.

Hacemos envíos regulares de Metrópolis a la librería Metales Pesados en Santiago de Chile y en Buenos Aires la distribuyen amigos de mano en mano.

Metrópolis
no sólo tiene presencia física. Tan sólo ayer nuestra página en internet recibió 210 visitas. Tratándose de una revista de poesía y por lo tanto marginal, me parece una cantidad considerable.

Pienso que para tener seis meses de existencia nuestro impacto social no es deleznable. En cuanto al otro criterio, el de la calidad, dejo que los lectores opinen.

Como nunca pensamos en que el subsidio institucional pudiera ser la única opción hemos dado ya pasos para lograr otro tipo de apoyos y medidas, aunque no contamos con nada concreto todavía. Pero agradecemos toda alternativa que se tenga a bien proponernos.

Tengo plena confianza en que si Metrópolis merece continuar publicándose, lo hará.

Gracias a todos los que tuvieron la paciencia de leer estas líneas un tanto viscerales y precipitadas que a fin de cuentas tienen por objeto hallar opciones de supervivencia.


Atte.



Carlos Vicente Castro
Editor de Metrópolis

lunes, septiembre 15

Los invitados (Abdellatif Laâbi)

Mi mesa está servida pero los invitados se han retrasado.
¿Olvidaron mi invitación, perdieron la dirección mientras venían? ¿Qué mal pudo ocurrirles?
Espero desde hace horas, “con la oreja pegada a la puerta”. Tampoco sé cuántos serán, si usarán ropa de invierno o de verano, en qué lengua me saludarán al entrar.
Mi mesa está servida. Esperaré el tiempo que haga y el que no haga falta. Y si fuera víctima de una ilusión, insistiría. Inventaría amistades extrañas, de caras francas y fáciles de leer como libros para niños, con voces de acentos deliciosos y bocas pequeñas que compartirían hasta un grano de cuscús.
Mi mesa está servida. La preparé con todos mis conocimientos, con amor. La música me ayuda a soportar la espera. Conmueve mis guisados, hace brillar mis aceitunas, libera los perfumes de mis especias.
Por fin, oigo ruido de pisadas. Me levanto para abrir. Pero la puerta vuela en pedazos. ¿Están allí mis invitados? Irrumpen unos hombres sin rostro, arma en mano. No me tienen consideraciones.
Le disparan a la mesa hasta reducirla a polvo y se retiran sin decir palabra. La música termina.
Después de todo, no me queda más que recoger y preparar una nueva comida.



Publicado en Crítica:
http://revistacritica.com/contenidos-impresos/poemas/cuatro-poemas-de-abdellatif-laabi

(traducción mía)

¿Para qué las antologías?

Se habla de claridad en la poesía contemporánea. Aquí y allá se hace eco de “la limpieza” en el estilo, de un rechazo más o menos abierto a los poemas de corte “oscuro”. Hoy que en Latinoamérica los excesos redundan en antologías, y sobre todo en México, algunas de ellas son simplemente la expresión de una dictadura del lenguaje que rechaza todo lo que considera de difícil comprensión y que tiene su contraparte en otra dictadura que privilegia la “claridad” del lenguaje poético.
Ambas posiciones, en la práctica -de quienes antologan-, se niegan al rigor de la investigación, urgidas como están por levantar pedestales.
Aunque ni la suma de antologías (o muestras), como se ha venido a llamar en México a la autopublicación con afanes un tanto turbios de política cultural, donde las becas y los premios han devenido meros elementos curriculares para obtener un prestigio hueco en cada vez más casos, dan fe de una producción que finalmente no obedece a la ansiosa emergencia por “encontrar reconocimiento”.
Las antologías son preparadas por los mismos poetas que integran las generaciones recientes: los mismos que concursan una y otra vez y ganan becas y premios. Inclusive es curioso encontrar con frecuencia que no hay distinciones entre jurados y premiados: son los mismos, como más de un escándalo ya ha mostrado.
Tal parece que estamos sobrevalorando los encuentros y festivales, las muestras, las becas y las múltiples distinciones que en cada estado premian a nuestros autores.
En sí, ¿qué tanto las antologías son leídas por los hacedores de poemas o, todavía mejor, por los lectores asiduos a la poesía? ¿Con qué objeto se publican? ¿A qué público pretenden llegar? ¿Por qué interesa tanto publicar antologías?
En México, las antologías poéticas llegan a ser, aun de rebote, otros tantos instrumentos de terrorismo cultural. Saltan a primera vista las exclusiones y los excesos, el egocentrismo y el autorreconocimiento.
Hablando de elecciones, hay una gran tradición que asimilar y es natural que surjan preferencias en tal o cual sentido cuando se integran esas bibliotecas personales que venimos a llamar antologías -y así, no carentes de un interés que habremos de separar de la política, del poder. Es esta noción de la poesía y de su publicación y reunión para su goce la que nos interesa, la razón de que, en el intento de esquivar pretensiones, varias antologías asuman su rol con desenfado y se reconozcan a sí mismas reflejadas en un espejo quebrado o incompleto.
De ahí que siendo, después de todo, no sólo instrumentos de lectura, sino también de poder, tanto gregarios como de exclusión, pongan en la perspectiva de quienes se aventuran a leerlas su esencia temporal, limitada, tal vez instantánea, mediante la autocrítica y la sinceridad.
Se agradece, en todo caso, contar con poemas cuya lectura de otro modo estaría fuera de nuestro alcance. Poemas que de sí ya desbordan cualquier sentido de selección: aquellos que más bien seleccionan a su lector, su escucha o espectador.
Después de todo, la poesía es por mucho una actitud reactiva del lenguaje. Y claramente ignora dictaduras.

sábado, septiembre 13

Saint-Pol-Roux

letanías del verbo


que la luz sea


Palabras surgidas de la boca del Verbo / la primera
Palabras que datan del principio del mundo
Palabras que van detrás, luego del grito divino
Palabras transformadas en el curso del ser humano
Palabras de los campos, bosques, de fenómenos y elementos… Palabras del niño a la leche de su madre
Palabras del gallo erguido al corazón de la Aurora (de Levante),
Palabras de los campanarios que nos dan la hora,
Palabras de los picos sobre las ramas
Palabras de los castillos y de las chozas
Palabras de la virgen a su amor
Palabras de la Abuela a su rueca
Palabras de los cadáveres entre las tablas
Palabras de las ovejas tendidas sobre la hierba
Palabras de los granos de oro en la mano del sembrador
Palabras de la vid a los émbolos de la prensa
Palabras del remo en el casco
Palabras de la brisa y de la lluvia
Palabras de la sonrisa, palabras de las lágrimas
Palabras de sufrimiento, palabras de esperanza
Palabras del minero a su carbón / filón
Palabras del marinero al alma de su vela
Palabras del campesino a su arado
Palabras del sol y de la noche
Palabras del poeta a su estrella
Palabras suspendidas del racimo de estrofas,
Palabras espigadas sobre los surcos
Palabras de escritos que son libros
Palabras de viejos pergaminos que fueron borregos
Palabras que jamás se querría haber dicho,
Palabras que querría decir siempre,
Palabras que no han nacido todavía,
Palabras que todavía no han fallecido,
Palabras pecados, palabras virtudes,
Palabras que son venenos, perfumes, colores, estribillos, estatuas
Palabras-cárceles, capillas, catedrales
Palabras que gritan, palabras que matan,
Palabras de odas, himnos, tragedias,
Palabras de los profetas a la muchedumbre,
Palabras de evangelio y de anatema,
Palabras del Sepulcro y de la obra maestra,
Palabras de los esclavos a su piedra de afilar,
Palabras del hacha sobre / en los árboles,
Palabras sobre la cruz, palabras bajo la rueda,
Palabras que fuerzan los barrotes en un grito de libertad,
Palabras de los pueblos a ambos lados de la frontera,
Palabras de los héroes en la batalla,
Palabras de los que claman (gritando en el desierto las glorias y las catástrofes)
Palabras de oro clavadas en los frontispicios de la Historia
Palabras aparecidas sobre la muralla,
Palabras de las zarzas ardientes en las montañas húmedas
Palabras de las Ideas que mecen los nubarrones,
Palabras del trueno sombrío a la lengua del relámpago
Palabras estridentes y fauces en la selva,
Palabras de los ejércitos de metal que se rompen entre sí como objetos,
Palabras en pedazos sobre las columnas milenarias,
Palabras de las fuerzas del Tiempo a caballo sobre el Viento,
Palabras de los volcanes que escupen al Azur,
Palabras de los Antepasados, de lejos resucitadas en las entrañas de la Tierra;
Palabras de los Dioses desconocidos amaestrados por el Dios conocido,
Palabras de las estaciones, los diluvios, los apocalipsis, los supremos Juicios.


(traducción mía)

Liga


Una liga me contrae la garganta, no alcanzo a verla,
la cierra como a una bolsa de plástico.
De a poco deja pasar estas palabras-pensamientos,
es un círculo
del que no llego a ser eje: excéntrico despojo de letrinas,
comida muerta, paraíso de larvas.
Afuera, en los jardines que el tiempo no oprime con el puño,
mueren árboles de zinc partidos por el rayo: ¿es el dios,
el que conocemos como dios en cada átomo,
una luz que aparece cuando nadie espera
un Sísifo que nos levanta de la tronera para dejarnos caer después
por la cuesta de la noche?
Mi garganta es un nudo que no logro romper, lo separo con las manos,
no hay conquista detrás y sólo me detiene 
el reflejo de la asfixia: vacío más vacío: un cuerpo

jueves, septiembre 11

El maquinista



Mi madre está amordazada
en la habitación vacía de su mente.
Si alza la voz para detener al tren
que viene a embestirme,
amarrado como estoy con palabras de hierro,
mi padre, el maquinista, no sólo me aplastará, cercenará
hasta la lengua mis huesos, triturará mis dedos de algodón
en un molino como el que mi abuela usaba.
Yo he tirado torpemente un vaso sobre la mesa de las visitas
y antes de que la máquina se estrelle contra mi boca
que no puede hablar leche ni agua, azúcar
sobre el mantel, ni ser una boa,
alzo mi brazo con el instinto de las golondrinas
que abandonan a sus crías cuando se acerca un extraño.
Ojalá una palanca detuviera el alud
que veloz viene a segarme,
el toro que con cuernos de metal atraviesa la puerta
tras la que me escondo –el rincón de los libros–
y no sentir que me aplasta
ese tótem de arena, escupitajo de mierda,
 
hasta que salen chispas de mis costillas.

jueves, junio 19

La lengua de mi madre (Abdellatif Laâbi)

No he visto a mi madre en veinte años
Se dejó morir de hambre
Cuentan que se quitaba cada mañana
el pañuelo de la cabeza
y golpeaba siete veces el suelo
maldiciendo al cielo y al Tirano
Yo estaba en la caverna
donde el preso lee en las sombras
y pinta sobre las paredes el bestiario del porvenir
No he visto a mi madre en veinte años
Ella me dejó un juego de café chino
cuyas tazas se rompen una por una
sin que lo lamente demasiado, son tan feas
Por ello más me gusta el café
Hoy, cuando estoy solo
tomo prestada la voz de mi madre
o más bien es ella quien habla por mi boca
con sus blasfemias, sus groserías y sus imprecaciones
el rosario perdido de sus diminutivos
la variedad amenazada de sus palabras
No he visto a mi madre en veinte años
pero soy el último hombre
que habla todavía su lengua



Publicado en Metrópolis 5.

(traducción mía)

Entrevista sobre Metrópolis con Sergio Ríos

La revista Metrópolis es una publicación reciente que procura una visión particular de poesía actual y un diálogo a través de las traducciones con otras literaturas. La siguiente entrevista entre el editor Carlos Vicente Castro y Sergio Ernesto Ríos a propósito de Metrópolis da a conocer el funcionamiento de esta revista que se publica en Guadalajara. Puede consultarse la versión electrónica en el sitio:

www.revista-metropolis.com

(SER) Desde hace algunos años Guadalajara ocupa un lugar central en la edición de revistas y libros de gran calidad, ¿cuál es la propuesta de Metrópolis?
(CVC)Continuar el diálogo literario, en este caso centrado en la poesía pero también abierto a otros géneros como la plástica y cualquier tipo de literatura con la brevedad suficiente para ser incluido en una revista con un espacio tan reducido como lo es finalmente el de Metrópolis.

La pauta la marca con mucho nuestro consejo editorial. Sólo dos integrantes estamos en Guadalajara y los demás viven en Guanajuato, el Estado de México, el DF y uno más en Alemania, si bien compartimos cierto gusto por los viajes. No somos estáticos.

Por supuesto, el diálogo se amplía con nuestra página en Internet, donde pretendemos incluir más material, en el futuro, que aquel publicado en lo que llamaríamos, que diría Ángel Ortuño, nuestro mascarón de proa.


(SER)¿De dónde surge el nombre de Metrópolis?
(CVC)Es una palabra que me ha rondado por mucho tiempo. La idea de la metrópoli abarca un conglomerado urbano de vivencias personales y sociales bastante amplio. Fuera de sus cualidades sonoras y de su inmediata asociación a la película del mismo nombre que sitúa en una perspectiva crítica la noción de modernidad, pretendemos hacer visibles las urbes individuales de los autores, una especie de carrefour en que, en un momento determinado, se entrecruzan obras de diferentes y distantes geografías.


(SER)¿Hay un enfoque particular en la elección de los poetas, del material que se publica y, en ese sentido, cuál es la visión de la poesía que se intenta plasmar?
(CVC)El enfoque principal es el de la aportación personal. Especialmente nos atraen los lenguajes que exploran vetas poco comunes en la poesía –mexicana o de otros lados-, pero en sí pretendemos mantener una comunicación abierta con la tradición (sólo posible a partir de la ruptura, aludiendo a Paz).

Y para continuar con la alegoría de las metrópolis, procuramos que convivan poemas producidos en diferentes localidades de este y otros países. Como ya se ha dicho, nuestra lectura de la globalización involucra la necesidad de comunicar individualidades.

En este mismo sentido, consideramos la traducción como un medio bastante grato y eficaz para explorar algunas de las coordenadas poéticas que se aportan en otras lenguas.


(SER)Es una publicación abierta, ¿cuál es el mecanismo para publicar?
(CVC)En un principio se hizo una invitación abierta, basándonos en nuestros propios contactos de Internet. Las invitaciones continúan por ese medio, pero ahora ya empezamos a recibir material de gente que no conocíamos.

De cualquier manera, el proceso de selección que sigue el consejo editorial se centra en los poemas, pues se eligen omitiendo en las entregas los nombres de los autores y argumentando las decisiones.


(SER)¿Hay alguna razón especial respecto a la brevedad de esta publicación, algo parecido a crear un material de colección de forma visual y escrita?
(CVC)En ambos aspectos el espacio reducido ha resultado ser una gran ventaja. La razón principal de este formato tabloide es que teníamos que encontrar una manera de asegurar la publicación mensual de Metrópolis abaratando los costos sin mengua de la calidad de impresión y sin vernos atareados por “llenar” páginas a toda costa. Fue así que empezamos a jugar con la idea del cartel, el periódico mural, esos escandalosos mamotretos tan caros a algunas publicaciones de vanguardia, aunque aportando nuestra propia lectura al fenómeno.

Ojalá los lectores encuentren en Metrópolis un objeto digno de sobrevivir, tanto en lo poético (que abarca las artes) como en su noción de objeto, más allá de su aparición mensual. Por un lado, pretendemos que cada poema e imagen cuenten con un espacio propicio para ser atendidos por los lectores y, por otro, acentuar el carácter material de la revista como otra aportación más, en el sentido de que sea un medio y un fin a la vez.

Así, aparte de la atención que de por sí busca atraer una revista de poesía, tenemos especial cuidado en el diseño de la edición, que es también una colaboración.


(SER)Se maneja como una publicación independiente, pero ¿hasta qué punto puede ser esto viable frente a retos de costo y distribución?
(CVC)Sin el apoyo económico para la impresión que obtenemos de la UdeG el proyecto se hubiera atrasado bastante o quizá ni siquiera habría existido. La viabilidad consiste aquí en que nos preocupamos menos del dinero para concentrarnos en la apuesta de la revista. Por supuesto, estamos abiertos a más patrocinios bajo esta condición de autonomía.


(SER)¿El grado de independencia tiene que ver con la finalidad de Metrópolis en sí?, ¿puedes ahondar en ello?
(CVC)Claro que sí. El apoyo institucional viene muy bien, hace posible el proyecto, pero el trabajo de la revista va más allá de la impresión y distribución (la UdeG la distribuye sólo a nivel estatal). No tendría ningún caso editar Metrópolis sin libertad creativa.


(SER)¿En qué medida implica un obstáculo el hacer una revista desde provincia?, ¿hay realmente una barrera invisible para llevar a cabo este tipo de proyectos editoriales?

(CVC)No es un obstáculo, sino toda una bendición. Precisamente ponemos en perspectiva esa homogeneización de caracteres que el término “provincia” impone a quienes habitamos en el resto del país, en contraposición a la capital, una idea que desconoce nuestras diferencias pero que sin duda nos permite actuar “a nuestras anchas”.

Un ejemplo visible de que se puede jugar con y hasta sacar partido de ese término, ya no digamos despectivo sino además ajeno a la idea política en que se constituye nuestra república, convirtiéndolo en nada menos que en una estafeta, dentro de la historia literaria tapatía, es Bandera de Provincias, una revista con una vitalidad y un ansia de conocer las literaturas y las artes que se hacían en el resto del mundo y que sin duda creó en el siglo pasado un importante precedente, a su vez una continuación, en cuanto a sus objetivos, de aquella decimonónica y también tapatía La república literaria, donde escritores como José López Portillo y Rojas, Esther Tapia de Castellanos y Manuel Álvarez del Castillo conectarían a Guadalajara con, por decirlo así, otras “provincias”.

Bajo esta premisa, creo que podemos hacer caso omiso de las barreras políticas para centrarnos en las conexiones literarias. Lo que es más, tal vez, sin importar dónde vivamos, no haya otra manera de aportar una visión personal que estando al margen, moviéndose en un espacio “provinciano”.

No hay que descartar el sentido irónico que entraña hacer en “provincia” una revista que se llame Metrópolis.


(SER)¿Cuál ha sido la recepción del número 0?

(CVC)Según las noticias que hemos tenido, ha habido una excelente respuesta, tanto con la versión impresa como con la electrónica. Esperamos continuar así.


(SER)A largo plazo ¿cuáles son los objetivos de Metrópolis?

(CVC)Uno de los conceptos más importantes de lo que significa hacer Metrópolis es su vitalidad, su capacidad de mantenerse en movimiento, de reinventarse y proponer ese diálogo del que ya hemos hablado. Nuestro compromiso es permanecer un año con esta propuesta inicial y a este ritmo. Después, ya veríamos.



Publicada en "Hangar".

viernes, mayo 30

Lo que falta

Es difícil juzgar a la propia generación. En el proceso podemos quedar atascados. Quizá tan sólo logre uno verse en el espejo empañado. Más prudente es mirar de lejos y sin niebla. Nos falta autocrítica. Nos sobran antologías.

martes, mayo 27

De públicos y ansiedad


Decir publicidad es referirse al público, a una masa de espectadores.

Sí, la publicidad conlleva el arte de comunicar, claro (por decirlo así). Comunica efectivamente un mensaje que beneficie a su cliente, omitiendo aquella información dañina y exagerando o inventando los beneficios. Señala a sus receptores múltiples y contradictorias rutas de felicidad. Más que claro, por supuesto, el propósito suena turbio.

Como las religiones, la publicidad no sería nada sin la perspectiva de la muerte. Pero, a diferencia de ellas, no la menciona, la evade, la esconde, aunque está siempre presente: hay que disfrutar, reafirmar una personalidad efectiva, experimentar el paraíso antes de que todo acabe (o prevenir el después: "para estar tranquilos")... Qué tanto puede costar una parcela de autoestima.

Hay que intensificar la vida combatiendo esa desagradable para ud. y tan cara al publicista ansiedad -a esa sed suya de ignora qué cosa (nosotros le decimos cuál).

Dinero de por medio, vida resuelta.

Sobre los pedantes

La pedantería tiene raíz en una cualidad respiratoria. Al pedante le falta aire y se le cierra la garganta, por lo que engola su voz. Una situación muy lógica si tomamos en cuenta que en esos momentos "se da sus aires" de ser poseedor de cierta cultura, gusto o apreciación. Se da unos aires que le faltan, de ahí que se le asocie, para ridiculizarlo, con aquellos sonoros vientos que más bien se relacionan con los desechos físicos. El pedante cae mal; es indigesto. No respira con fluidez. Lo escuchamos desfasado, muy sobre ese tono que la naturalidad confiere. Su artificialidad, con todo, no pretende ofender, sino tan solo posicionarlo en un grupo social o comunidad en que para ser aceptado hace exactamente aquello que le aleja de ella: asumir un papel que no le corresponde, el de una enciclopedia portátil, errática, como un anticuado y rígido maestro con una vara para atosigar a los otros, ignorantes, que ojalá se den cuenta de que hay quien les puede sacar de su pobre estado no de ignorancia, sí de falta de aprecio del genio natural. ¿Por qué no me aceptan si a cada rato compruebo que estoy hecho para todos los temas y mis oportunas intervenciones no desaprovechan la mínima oportunidad de hacerlos mejores de lo que son? Se encuentran, nada menos, ante alguien que supone que saber demasiado –un acto tan poco oportuno como una ventosidad– le dará un lugar especial entre aquellos cuya amabilidad desea y, más allá, o más acá, sinceramente su amistad o, ya que no la posee, su admiración. Gomoso, pedorro, engreído, sabihondo y, en fin, execrable y digno de rechazo: ese es el pedante, quien después de todo apenas si anhela una migaja de la alegría destilada por un puñado de personas que se llevan bien entre sí pero evaden con desprecio a aquel que en vez de actuar (respirar) con vitalidad tan solo emite al hablar esos mórbidos sonidos que harán huir al más hipócritamente bondadoso.

viernes, mayo 23

Más aún


La poesía da sentido, la publicidad lo simula. ¿O es al revés?

Nota-apéndice

Tal parece que se escribe poesía no solamente para decir algo, sino para decir algo que nos diga. Que diga lo que somos, quiénes somos: o lo que no seremos. ¿El poeta sabe lo que dice? Ni siquiera tiene control sobre lo que hará las próximas 23 horas, ¿o eran catorce? Sabe que dice, que algo dice, y lo desdice. Con toda su atención, se deja llevar.

jueves, mayo 22

Tiempo nuevo



A veces quisiera que el tiempo no hubiera transcurrido o que se hubiera detenido en un determinado periodo, un apenas segundo en que una sonrisa, una mirada tranquila, un deambular entre las calles con desenfado era habitual. ¿Qué ofrece este nuevo tiempo que finalmente hace voltear hacia atrás y extrañar incluso la nostalgia? ¿Es un tiempo sin futuro? ¿Es tiempo? He llegado a pensar que lo único real es el cuerpo... ¿tiempo? Los poros, cabellos, los dedos de los pies o cada rasgo aislado de la cara dicen aquello que la percepción ante la vida diaria y continua no termina de descubrir. Sí, de quitarle lo que la cubre. Hace tiempo creí haber sido tiempo y me pregunto ahora si ese tiempo es capaz de mirarse a sí mismo.

miércoles, mayo 7

Metrópolis cero







Lo prometido: el primer número ya se distribuye.

Por ahora sólo está en Guadalajara, pero a partir de la siguiente semana podrán conseguirla en el DF con Alejandro Tarrab y en Guanajuato con Lalo Padilla. En Santiago de Chile la estará rolando Sergio Ríos dentro de unos dos o tres días.

Colaboran, en poesía, Ángel Ortuño, Claudio Daniel (traducción de Sergio Ríos), León Plascencia Ñol, Rocío Cerón, Timo Berger, Óscar de Pablo y Alejandro Tarrab, con dibujos a pluma de Eloy Barragán y diseño de Uriel Martínez.

Yo la edito, y conforman el consejo: Ángel Ortuño, Eduardo Padilla, Sergio Ernesto Ríos y Alejandro Tarrab. Para nuestro número uno, que saldrá en junio, se integra el buen alemán, y a estas alturas ya sudamericano honorífico, Timo Berger.

Somos independientes, aunque contamos con el auspicio de la Universidad de Guadalajara.

Les invito a conseguirla o a echarle un vistazo en

www.revista-metropolis.com

martes, mayo 6

Más sobre publicidad y arte

Mi reflexión sobre la publicidad y el arte quizá resulte muy abstracta para muchos que la hayan leído, pero es para mí una práctica a la que me enfrento a diario en la agencia. Hay convergencias, sin duda, entre esto de tararear poemitas y el hacerle a la publicidad. Pero en cuanto lo pienso, vienen a mi cabeza las grandes divergencias. Cuando se hace un poema, por ejemplo, nunca se sabe en qué acabará. En cambio, en publicidad ha de saberse siempre hacia dónde se dirige uno. De otra manera estaría destinada al fracaso. Es decir, la publicidad busca el éxito; la poesía destruye, entre otras cosas, esa imagen estúpida del éxito. La poesía se desenvuelve en un espacio contra lo fraudulento, arma un entramado verosímil de una realidad que comienza y termina en el poema.
Por cierto, extraordinarios jingles forman parte ya de nuestra común imaginería, como aquel que creara Fernando González Oviedo en el espacio de la W Radio, "Mejor, mejora Mejoral", o esos versos macabros que irrumpieron en la televisión de los sesenta anunciando puré de tomate: "Estaban los tomatitos / muy contentitos / cuando llegó el verdugo / a hacerlos jugo. // 'Qué me importa la muerte', / dicen a coro, / 'si muero con decoro / en los productos Del Fuerte'”. Al menos esa fue la primera versión, antes de que la gente cayera en la cuenta de que se trataba de algo más que de una agradable tonadita con dibujos animados. La versión de los setenta se encargaría de medio corregir el exabrupto. Claro, esta versión es más poética: traiciona perfectamente a su finalidad publicitaria y no me parecería extraño que entonces funcionara.
No ocurre lo mismo con otros oficios. Corrector que he sido, puedo decir que la convivencia como hacedor de versos y maquillador (en el mejor de los casos) de textos ajenos es sencilla: la corrección es un oficio de escritura, un asunto de higiene del lenguaje; a la poesía esa noción de limpieza escritural a la RAE le es extraña si no va con sus intenciones, o incluso puede partir de ella para sus propios fines. Entre esos escritores que gustan o gustaron de zambullirse en las reglas y a la vez se movieron o mueven como peces en el agua de la poesía, están, digamos, Arreola, Monterroso, o aquel "maxmordón" (como él diría) Gerardo Deniz, ese poeta, como muchos de los mejores, incomprensible.
Para el periodista (que lo fui y sigo siendo, de alguna forma), la visión de la misma realidad se agota en referencias informativas... Puaf: en definitiva, la experiencia poética es su antítesis. Me agradan los poemas-simulacro, máscara, fiesta de disfraces: son más verdaderos o... verosímiles. Y lo mejor: son capaces de ponerle un puntapié incluso a la verosimilitud. El periodismo, finalmente, es un oficio que unos y otros hacen con más o menos arte.
Y la publicidad... ah, esa engañosa prostituta... también entraña sus placeres. Díganlo si no.

viernes, mayo 2

Arte y publicidad

Extraña relación la de publicidad y arte, si es que esa relación no entraña una guerra más o menos encubierta. El fenómeno de la comunicación es lo que el arte parece compartir con la publicidad, pero en cuanto empiezan a surgir las particularidades, esas que hacen al arte, la publicidad sale huyendo: las particularidades le importan en la medida que no son individuales.
La publicidad es el lugar común para lo colectivo, está al servicio de lo que la mayoría quiere ver y escuchar; después de todo se persigue al público. El arte puede o no ir en busca de público; en todo caso, desintegra a ese público en individualidades. Más bien suele hacerse el perdidizo. En cambio, la publicidad piensa en grande y facilita a un grado primario el canal comunicativo; el arte es minucioso al imaginar. La imaginación es sustancia del arte; para la publicidad, un instrumento.
¿Hay arte en la publicidad? ¿Vale la pena hacer público el arte? Las dos cosas. En la publicidad a veces hay arte y es raro que llegue a serlo... es un método colectivo que busca una respuesta colectiva, concreta únicamente en cuanto a que su finalidad es vender un producto. El arte, que se hace público (se expone, se publica, se representa o interpreta), toca al individuo, lo descoloca, no lo disuade: tiene sentido.

martes, febrero 19

Lo antiguo es novedoso


Es un gusto saber de los viejos amigos. Es cierto que los tiempos pasados de algún modo regresan, y "de algún modo" porque nunca se van. Hace unos trece años que varios amigos y yo publicamos unas revistas con las que en verdad nos divertimos mucho, pese a todas las acrobacias que hicimos para juntar el dinero. No tenía un nombre muy agraciado, La Calle, pero describía con mucho nuestros intereses de entonces. Deseábamos hacer, más que una revista, un movimiento, y no nos suscribíamos a un arte en particular. Hacíamos convivir pintura, poesía, teatro, narrativa, fotografía, desvariábamos mezclando géneros e influenciándonos unos a otros. Tan sólo salieron -o es posible decir "hicimos"- tres numeritos. Eso no fue todo. Organizamos una de las mejores lecturas de poesía-concierto de rock-exposición de pintura que se hayan realizado en Guadalajara. Muchos se quedaron con la idea de que nuestro evento, con un nombre que se le ocurriera a Mario Calderón, "La ciudad tras los ojos", había sido obra de La Escalera. A mí, que lo presenté, por mucho tiempo se me confundió con un empleado de ese lugar que empezó perdiendo su biblioteca y luego su dignidad de oasis-café-bar-librería en el centro de Guanatos para convertirse en un arrabal sin categoría (si es que algo así es posible). El hecho es que como ese día La Escalera celebraba su aniversario -justo después de lo que nosotros organizamos-, no tuvieron empacho en declarar al ya inexistente diario Siglo 21 que nuestro evento era de su autoría. No importa. Muchos ya lo olvidaron, excepto quizá aquellos que se dieron a la tarea de degustar el tequila de la casa, sin marca y mortífero a más no poder, pero, eso sí, de una excelente calidad (¿o no?). Queda pendiente escanear una invitación para ilustrar mejor el asunto... El caso es que lo antiguo siempre resulta ser novedoso y que ahora me ha entrado la espinita de hacer otro proyecto, más bien centrado en la poesía aunque en contacto -no podría ser de otra manera, diría Eloy- con el resto de las artes y también con el reto de hacer más en un espacio reducido. Pronto, muy pronto, estará por aquí Metrópolis. Colaboran buenos amigos... Por ahora lo dejo así.