viernes, septiembre 15

A punto de partir



A León Plascencia Ñol

Vaya que siniestra era la espera. Juntó sus calcetines en un rincón de la maleta, desenfundó el arma en su cerebro melancólico y luego se atragantó con el aneurisma que a esa hora le hacía falta. De un cabo a otro, un continente de palabras olvidadas en las rocas –embelesado, absorto bebe. En la taberna que imagina con crudeza, en un rincón de su desvarío, desagua uno que otro soliloquio con su nombre travestido. Minúsculos sorbos al vaso, casi infundados, enarcamiento de cejas. Baja los escalones, ligero como la ceniza que deja caer al piso.

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