viernes, octubre 21

(Phileas Fogg)


Esa tarde, Phileas Fogg tuvo la sensación
de detener el tiempo acariciando
distraídamente
el lomo de un gato. Le parecía que esta muestra
de estima iba bien a su estilo inglés. Podría hacer lo mismo
hasta el anochecer, pensó, entreteniendo sus dedos
en una empresa no del todo trivial. Y es que
este gentleman de talante –dirían algunos– taciturno e ideas fijas
comprendía que el acto deliberado de tener paciencia
atiborraba su memoria de más aventuras
de las que un hombre que las buscara fuera capaz.

1 comentario:

paula dijo...

me gusta tu blog

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