miércoles, agosto 17

Las abejas


Iban cayendo en el patio, los bomberos
echaron a su panal agua con jabón. La espuma
las atontaba, las arracimaba sobre el piso,
obra además de la escoba con que eran barridas
como volutas de madera que ya no sirven
al diseño original. Sus zumbidos
quedaron apagados tras del vidrio,
las sobrevivientes revoloteaban sin rumbo
alrededor de su reina.
Momentos antes, habíamos subido a la azotea
a mirar cómo el panal refulgía en lo alto de un árbol
de nombre desconocido, hermoso y letal
entre la transparencia de las alas.
La belleza es así:
nos impele a destruirla.

viernes, agosto 12

Una mañana de agosto


Esta mañana me dirigía a trabajar,
cabizbajo como una tela de araña vencida.
Sé que la esperanza es la felicidad del futuro en el presente,
o eso decía una cita que leí no sé dónde,
tal vez en un papel dentro de una galleta de la suerte.
Sé que la tristeza es un bien necesario,
algo que roe pero que nos pertenece como nada más.
Al interior ocurren reacomodos: es lo que rumiaba
al bajarme del 371, caminando aprisa para firmar
mi entrada en la agencia de publicidad.
Y me pregunto si las felices frases que he ido acuñando
podrían, reunidas, decirme de una vez por todas
quién ya nunca llegaré a ser.

domingo, agosto 7

En Punta del Cielo


“El mar está inmerso en la contemplación de las estrellas”
podría ser una buena frase para comenzar
un poema tradicional usando este smartphone
que para escribirlo completa las palabras.
Lo cierto es que era yo quien contemplaba las estrellas
frente al mar estoico e incansable
hasta que la niebla borroneó algunas que,
intermitentes, todavía querían seguir brillando.
Pero también es mentira: soy yo quien quería que brillaran,
como tantas cosas del pasado que ya no existen
sino enfermas. Y el mar solo se asemeja a mí
porque padece tinnitus, ese zumbido ronco
del que no puede nunca librarse
en su ir y venir tan lejos de las estrellas.


lunes, agosto 1

Fin de una era

Es lo que no ves lo que hace a este poema
vomitar puntos y comas, grandes y pequeños
silencios apenas advertidos, explosivos,
nostálgicos. Es lo que no aparece en el inventario
lo que destaca en este poema incapaz de salvarse
del ruido constante, de las zonas de angustia
y somnolencia. Obsolescente, este poema
busca guarecerse entre la nada
que le ha domesticado.