martes, agosto 20

No soy bueno para escribir poemas de amor

Si me atreviera a escribir alguno lo dedicaría
a una robot que comprendiera la red
de sinrazones de mi cerebro, o que al menos
los aceptara sin remedio ni remedo.
Un poema cibernético dedicado al líquido verdoso
que corre por sus conductos metálicos, que aligera
sus articulaciones, da rubor a sus labios y brillo
a sus ojos que cambian de color según las emociones.
Le llamaría como a la robot de esa serie rusa: Arisa.
Y sería como ella única, y recibiría de mí versos
de amor cortés, de amor metálico y aceitoso,
de amor en bits, de misterioso amor en bits.
Ella me cuidaría mientras dure su fuente de energía,
mientras permanezca en su memoria,
me guarde como a usuario predilecto.
Yo cuidaría de ella en tanto practique conmigo
videojuegos, juegos de mesa, alternativos,
leyera obras de teatro en voz alta o poemas eléctricos.
Ella me hablaría de mil formas: con voz meliflua,
voz de animal salvaje o de ave, voz de robot agonizante.
Mientras el mundo permanezca alejado
de nuestro amor de cables, de hardware.

martes, agosto 13

Bien, todo bien

Si uno tuviera un reemplazo de sí mismo
en esos momentos en que parece no suceder nada,
que le va tan bien como puede irle a cualquiera.

domingo, agosto 11

Chismosos

Quisiera hablar bien de los chismosos. Me parece que ese murmullo que van dispersando por el mundo es un ejercicio de la ficción, una ingenua exposición de motivos a la que hay que mirar con ternura. Los chismes, se nos dice, son sabrosos. Pueden ser de un canibalismo feroz y aun así muchas veces no encontramos razones para abandonar lo que llamamos un buen chisme. ¿De qué hablaban, de qué chisme me perdí cuando no estaba? Quizá el chismoso no alcanzó a escuchar lo que de él decían. El chismoso no ignora que en cuanto les dé la espalda a otros chismosos será un suculento bocado más, su comidilla. Me intriga el sonido endurecido y a la vez suave de la che con que comienza el chisme. La che, que acompaña en nuestro vocabulario a tantas cariñosas palabrejas, en el caso del chisme se vuelve un tanto pesada, luego aguda al combinarse con la i, algo ácida, para que finalmente la consonancia entre seca y mullida de la ese y la eme den lugar a una vocal de género indeterminado. Si el chisme, dulce y ácido a la vez, picante sin duda, fuera una paleta, quizá sería de chamoy. Las revistas y los programas radiales o televisivos de chismes gozan de una salud de audiencia excelente. No cualquiera sabe transmitir un gran chisme —uno de esos que hacen levantar, más que las cejas, las antorchas de los vecinos, las lenguas afiladas. Las celebridades incluso aprovechan el foro para aumentar su publicidad desmintiendo el chisme, haciéndolo ver como una mera suposición de periodistas para ganar dinero, aunque la fama, como el chisme, es traicionera: materia dúctil en labios hábiles para el murmullo. Este aspecto, el del murmullo, llama especialmente mi atención. Una especie de zumbido que se niega a ser descifrado, escondido tras su carencia de articulación, de claridad. El chisme convierte el éxito o la felicidad ajena en tragedia propia. Flagrante malabarista del discurso, el chismoso no puede permitir que alguien ocupe un puesto que no merece o que debía ser suyo o de su amigo, que alguien tenga tal novio o novia que “no le conviene”, que alguien consiga un auto o una casa “aunque no tenga dinero para pagarla”, de ahí que fantasee con otra versión de los hechos, con sucedáneos, que siembre la duda e, incluso, a partir de ahí, busque cambiar la realidad. El chismoso es un entusiasta activista del  interés colectivo: no lo digo yo, por ahí andan diciendo, argumenta. Cuando el río suena agua lleva, dice un dicho tan popular como el chisme, pero entre chismosos cada quien lleva agua a su molino. “Shhhhh, ahí viene” es la recurrente expresión cuando va acercándose la persona objeto del chisme. La verdad es lo de menos, solo una pizca que le da sabor al caldo que el chismoso ha preparado en aras de borronear la noción que del o de los otros tenemos.

miércoles, junio 5

Atropello

Todo duele como si una bicicleta
me hubiera pasado por encima.
Como si a esa bicicleta la montara
una persona gorda e insidiosa.
Todo duele: los hombros malnacidos,
las manos debiluchas, los ojos amoratados.
Me hago como el que no quiere la cosa,
miro de reojo la vida transcurrir
como un hilito de tela de araña
que va creciendo y atrapándome.
Quién sabe qué haría sin este dolor:
tal vez me acostaría en la azotea
sin pensar en nada.

domingo, junio 2

Selfies

No me agradan los adictos a tomarse selfies,
siempre fotos de sí mismos como si necesitaran
verse todo el tiempo con diferente paisaje.
No creo en su enamoramiento personal,
ni que dure, ni que importe, ni tampoco creo
en su carisma de platos rotos. Algún día despertarán
engullidos por su propio yo, atascados en el mismo
rostro aunque se trasladen al fin del mundo.
Algún día todas las selfies juntas, una sobre otra
no serán más que una sola selfie infinita
que documenta el deterioro.

viernes, mayo 31

No soy

No tengo música en qué caerme muerto,
no tengo ni siquiera muertos que no lamente,
no tengo lamentos que duren porque son aburridos:
a veces quisiera ahogarme en un vaso de agua,
morir asfixiado con palabras que salieran de mi boca
como peces que huyen. A veces no quisiera,
hoy por ejemplo, más que flotar hasta salir
por la ventana y desaparecer como un globo de helio
entre nubes y aves extrañadas. A veces, hoy,
tan solo quisiera dormir, dejar de escuchar el ruido
de mi cerebro, los alacranes que me rondan.
No soy yo el que se levanta cada día de su rutina
y mira los reflejos en la televisión apagada.

miércoles, mayo 1

No he salvado al mundo

He pasado por entre calles vacías
como si caminara sobre algodones,
fuera de mí, dentro de pensamientos
que no llevan a ninguna parte,
ni siquiera a mis propias manos,
a mis dientes, a mis piernas.
Es tal esta debilidad que me encierro
en un cubo con la puerta entreabierta
para que no pase demasiado sol,
ni demasiado aire o cielo.
La cortina deja mirar una línea azul
detrás de los barrotes de la ventana,
como si quisiera abrir una grieta.

lunes, febrero 4

Mi recibimiento en la secu

Lo inauguró un tal Vidaurreta
que envalentonado quiso enfrentarme
no sé por qué, en el patio: lo tiré
al piso de una patada, le hice tragar polvo
pero me ganó la benevolencia al mirarlo
vulnerable, su horrible cara sorprendida.
Seguí mi camino, se levantó y por la espalda
me arrojó contra el suelo y me molió a golpes
—no me dolieron, pero diablos, cuánto asco
la saliva cobarde que salpicó su jeta.

domingo, enero 27

Es un sueño

De esos en que uno está medio despierto
y puede manipularlos con la condición
de no abrir los ojos del todo.

Job

Cuánta fe tenía que aunque un rayo asesino y divino
fulminó a su familia, le fue otorgada otra.
Es como si Dios se formulara desde arriba
su propia versión del mundo.
No siente como nosotros, mira todo desde lejos
—el diablo es apenas una pequeña hormiga roja
con la que a veces habla.
Somos su creación más querida y apreciada,
su abominación y la prueba irrefutable
de que no solo existe,
también ha ido aprendiendo a hacer
una que otra broma.

Liquid Paper

Un imbécil se llevó a las malas conmigo
en el salón de cuarto de primaria.
Era uno como tantos, como cualquiera.
Atiné a ponerle apodo, a despacharlo con desprecio.
Me esperó en el pasillo a la salida, junto a otros tres
que me amenazaron. No hubo puños, pero qué diablos.
Por alguna razón aún tenía Liquid Paper en mis manos,
así que al limpiarme las lágrimas surgidas del odio
me llené la cara de trazos blancos como si quisiera
borronearla, hacerla añicos, reescribirla.

sábado, enero 19

El cadáver del tío Toño llega este lunes en avión desde Los Ángeles

La tía Ana debe estar mirando por la ventanilla del avión,
preguntándose qué se siente estar en una bodega
rodeado de objetos inertes cuando todo queda atrás
en los cielos altísimos o a ras de la tierra
que nos hace y nos deshace para moldear
otros mejores o peores.

domingo, enero 13

Sentarse y secar

Ordenaba libros argentinos en el piso, clasificándolos
como recientes o más antiguos, poesía o novela,
cuando se me ocurrió lavar la pecera del pez Naruto
y, justo al sacarle el motor, un breve chorro de agua
vino a mojarlos. Ya había tenido una experiencia
semejante, por lo que la sorpresa y la desesperación
fueron automáticas: pude hacer a un lado a la mayoría
mientras el agua se ensañaba con otros cuantos.
Los puse a secar como a trapos en una mesa.
Esto recuerdo ahora que abro El paisaje interior
de Mirta Rosenberg: una oleada de olor a pez
acompaña mi lectura, un entrañable vaivén
que se destila poco a poco, verso a verso.

Invasión

La lámpara del cuarto es una inmensa nave espacial
con múltiples tentáculos, a punto de arribar
o de soltar, además de polvo, extraterrestres
—armados hasta los dientes o lo que sea que tengan
en aquello que bien podría ser una boca—
y un espectáculo de luces y letales acrobacias.
Dejaré los pensamientos pasar, hacer un hoyo
en el cerebro y esconderse allí, los cobardes,
a esperar un mejor momento para disponerse
a salvar la tarde de esta invasión de figuras magenta.

sábado, enero 12

Todavía recuerdo la estatua

de Francisco Zarco a la salida de la escuela,
casi siempre con una lata de refresco colgada
de la pluma que sostenía con extraña solemnidad,
como si jugara con un balero, como si de pronto
despertara de un sueño del siglo XIX
y comenzara a mirar la tarde.

miércoles, enero 9

Disertación

El durazno está allí, en la banqueta, y me pregunto
si eso será importante, teniendo en cuenta
las resoluciones a cada microsegundo que toma
la naturaleza. Y en la naturaleza del durazno está
no ser consciente ni de su suavidad ni de su
resquebrajadura ni de su tintura rosácea ni de su brillo
contra el sol que todo lo vence y transfigura.
Pero en la razón de ser del durazno no es lo mismo
—seguramente— estar atravesado por la llanta
de una bicicleta que en mi mano, siendo observado.
Aunque vaya a tirarlo en la primera oportunidad
porque está pasado y no me gustan las frutas así.
De manera que la banqueta vuelve a ser relevante
—hipotéticamente para el durazno—
y no importa si alguna vez le di existencia o
me la dio a mí en tanto lo pensaba.

jueves, diciembre 27

Partogénesis

Aquí permanecen libros que me han regalado
y no me he atrevido a expulsar de mis repisas,
con versos entusiastas y desafortunados.
El día empieza a sumergirse en la oscuridad
y ya estoy cansado de reordenar por temas,
títulos, por familias semánticas o enemistades
(divierte contraponer a un autor con su antítesis).
He experimentado una transformación:
la de quien —ingenuo— piensa que su salud vendrá
si encuentra las ideas en su lugar.

sábado, diciembre 15

jueves, noviembre 22

Desubicado

Como si el tiempo hubiera caído
del bolsillo roto
junto a otras monedas
y sin darme cuenta
siguiera mi camino.

lunes, noviembre 19

Fábula del alacrán

Se había escondido en la habitación, justo en uno de los zapatos del hombre con patas de araña: al principio no sintió el pinchazo, hasta que lo vio huir por debajo de la puerta hacia el patio. Y entonces el veneno ascendió recorriendo su pata delgada como un alfiler. Trepó hasta sus ocho ojos, encendió su cerebro y le hizo rechinar la mandíbula. Un momento más tarde, se sentaron a desayunar y el alacrán, que era uno de esos pequeños y güeros, de los que dicen son los más peligrosos, le pasó la sal de mar —bien comedido— al hombre con patas de araña, quien educadamente, con una reverencia sincera, le dio las gracias y subió por la pared para mecerse en su telaraña mientras dejaba seca a una mosca verde.

miércoles, noviembre 14

Limonero

Llego al trabajo y miro las hojas verdes
del limonero en la maceta, que da frutos
jugosos pese a ser tan pequeño
en la terraza donde los empleados
comen de lunes a miércoles a las 2 pm.
Ya casi nadie se da cuenta de su existencia,
nadie presta atención a las líneas amarillas
que los gusanos han marcado en sus hojas.
Yo solo atino a robarle los limones.

lunes, noviembre 12

La revista

Gente Bien cubre la presentación
del poeta joven. Se forman para la foto
que tendrá lugar mientras firma
y da bendiciones. Al siguiente día
el azar elegirá de entre ellos quién
asomará en las páginas de sociales,
quién quedará fuera, quién detrás
de la columna escondido de los flashes
arremetiendo contra la escena, quién
distraído sale al fondo como un árbol
que ni sabe de qué trata todo esto.

Quisiera ser un superhéroe

Armado con arco y flechas y encapuchado,
no errar un solo tiro al apuntar a mis enemigos,
a esos que además están dentro de mí, aguardando.
Quisiera ser un superhéroe que olvidara
algunas secuelas de equivocadas decisiones
como aquello que en la mudanza se pierde,
como si detrás de la máscara estuviera a salvo
de este sonriente rostro al que desconocidos
saludan en la calle.

domingo, septiembre 2

Realidad alterna

No puedes tomar en serio a un hombre
que escucha un zumbido todo el tiempo.
Quienes padecen tinnitus han sido acusados
de asesinar al médico que les da la noticia:
no hay quién pueda curarlos.
Nadie está a salvo de su insidia, ni siquiera
ellos mismos: una plaga serrucha sus neuronas.
Es como si tuvieran un corto circuito ad infinitum
o experimentaran un bucle de tiempo
en que explotara su cabeza sin salida.
Torpes, se tambalean en esta realidad que no puede
entrar de golpe en sus oídos.

lunes, agosto 27

Pecera

Acelero el paso al teclear
porque he sido forzado
a escribir y no me siento
ya sano, avanzo como
si nada me suprimiera
en línea hacia el margen,
pego la nariz contra el vidrio:
las cosas son más pequeñas
de lo que parecen.

domingo, agosto 5

Metamorfosis

Me encuentro sin encontrarme en la casa de campo
de mis padres en Cocula. Los sobrinos esperan a romper
la piñata de Superman repleta de Pelón Pelo Rico,
paletas De la Rosa o chocolates M&M.
Los músculos me duelen por la resaca, pero no tanto
como a Superman en cuanto desayunemos.
Pobre Superman: su tragedia nos traerá dulces a todos,
reiremos de su desgracia, nos empujaremos unos a otros
por el generoso regalo que nos ha dado al caer vencido
como un dios destazado entre muecas de felicidad
para formar parte del mundo en el bote de basura.

lunes, julio 30

Del ninguneo


El ninguneo es una herramienta de manipulación. Viene acompañado de un propósito: reafirmarnos a costa del otro. No es que la otra persona no exista, sino que existiendo le restamos la suficiente importancia como para que sepa que para nosotros no significa nada. Cierto es que tanto significa que necesitamos borronearla, necesitamos que sea testigo de cómo otros son alguien mientras a él o a ella le negamos el derecho a la diferencia, su derecho a ser considerada en su individualidad, su persona. No es nadie para nosotros y así se lo hacemos saber. Este ritual social conlleva una tragedia para el ninguneador: tanto necesitamos ningunear al otro que terminamos por reafirmarlo.

*

Ese nadie debe saber que no es nuestro interlocutor pero sí el objeto del ataque: una sombra accidental.

*

Ser indiferente al otro es carecer de sensibilidad hacia los demás, quizá ser distraído o carecer de interés, pero ningunear al otro no es ser indiferente a su presencia, sino que su presencia, su ser, nos estorba de tal manera que decidimos poner en blanco todo rastro de su personalidad para arrojarle sin más al grupo de los incapaces que nos molestan con su continua ansia de estar ahí. Su presencia merece algo distinto de nuestra atención: su difuminación, su desenfoque. Y no basta con que los ignoremos, merecen que los otros también les resten valor, les volteen la mirada, sean ajenos a su respiración, la nieguen.

*

Nos apalancamos en el ninguneado para ir adelante, a nuestro destino en el mundo. Cierto que de paso nuestro menosprecio ha de restarle la autovalidez que se da a sí mismo, pero hay fines definitivamente más trascendentales: conservar un puesto de trabajo, cobrar un cheque bajo coerción, ganar un lugar de estacionamiento, salvaguardar el grupo de personas al que deseamos pertenecer, quitar del camino los obstáculos hacia el éxito. La influencia que ejercemos sobre los demás gana mientras que la del otro disminuye o se hace añicos.

*

Los ninguneados son piedras en el camino que usamos a modo: lo importante es el camino que hacemos con ellas. Deben saberse piedras, meras piedras que no merecen ser consideradas sino como tales. Por eso les damos la espalda mientras platicamos con nuestros amigos, no les presentamos un socio clave en el negocio aunque casi se les embarre en las narices, destacamos la labor del directivo anterior sin darle crédito al actual, escribimos post que dañarán la imagen del otro y enaltecerán la nuestra o la de nuestros allegados. Es decir, no están invitados a la fiesta. Lo más seguro es que les guardemos rencor por alguna razón más o menos definida: ya nos ignoraron antes, no se rieron de algún chiste o representan una amenaza social o laboral —incluso, y quizá sobretodo, a la imagen que tenemos de nosotros mismos.

*

Ensalzamos a otras personas con las que congeniamos, les hacemos saber ante quien aborrecemos que ellos sí son alguien para nosotros, que ellos sí pertenecen a nuestro selecto grupo social, que ellos sí tienen las cualidades necesarias para ocupar un puesto, un lugar entre nuestros amigos, admirados o elegidos. Practicamos con cierto regusto esta humillación para que ellos mismos, los ninguneados, los borroneados, se retiren sin que en adelante tengamos que enfatizarlo. Será necesario que los ninguneemos una y otra vez, hasta que aprendan a retirarse bajando la mirada o desconcertados: fuera del concierto armonioso de los hechos en que sobran, son desechos. ¿Qué necesidad tienen de que les demos la espalda una y otra vez, de que los hagamos a un lado con el codo para marginarlos en la foto? ¿Es que no han aprendido a desaparecer de nuestros planes?

*

El ninguneador elige quién debe existir, de lo que debe ser testigo el ninguneado.

*

El ninguneado ha de desear la aceptación del ninguneador.

*

Lo curioso de este ritual social del ninguneo es que en realidad no importa el interlocutor elegido para ningunear al otro, no importan los halagos que el ninguneador le dispensa. Esos halagos, esa reafirmación a costa del ninguneado van dirigidos en negativo al ninguneado, quien así pasa a ser su verdadera finalidad: tanto eres para mí, así sea un estorbo, una proyección o un descalabro, que necesito que fijes en tu mente la nada que eres.

*

No hay mayor reafirmación de la existencia del otro que el ninguneo que le practicamos.

*

Es el ninguneo una afrenta al otro, a ese otro del que abominamos. El truco está en que sea consciente de qué tanto es nada para nosotros.

*

Parte de mi logro es que ni siquiera me reclames ser ninguneado y simplemente desaparezcas, te apartes cuando yo haga acto de presencia.

*

Mi ataque es oblicuo para que te des por entendido, para que no respondas a quien no te habla.

*

No es que me moleste ser nadie, sino que alguien más decida por mí que yo soy nadie. Ulises decidió por sí mismo ser Nadie, es decir Alguien para sí mismo y nadie para quienes le podían perjudicar quitándole nada menos que la vida. He sido nadie con minúsculas, como decir fulanito o sutanito. Solo que hablar de sutanito no cumple una función de ninguneo sino de anonimato.

*

Tengo la sospecha de que quien ningunea ha sido ninguneado en otras ocasiones, por lo que ha decidido ser Alguien a costa de que otros sean nadie. El ninguneador siente haber sido ninguneado, de ahí que decida utilizar distintas plataformas para ser visto, imantar solidaridad, a quien le ponga saliva en la herida. El ninguneado ningunea no sin revancha: se justifica en que ha sido sujeto del ninguneo, aunque lo niega porque no le conviene rectificar: si lo hace, si da cabida a este discurso, al ser del otro, demuestra que también ha llegado a sentirse nadie por deseo de otros o por circunstancias que le han pasado por encima o de lado, convirtiéndole en un fantasma que intenta hacer sentir su presencia ante los vivos que deprecian su corporeidad.

*

Para que el ninguneo sea eficaz es necesario atribuir personalidad, importancia, halagar a otras personas en un mismo acto comunicativo. Me dirijo a ti que eres Alguien, así denuesto o difumino al que para mí es nadie, al que para otros no debiera existir como no existe para mí, como no quiero que exista. Sin embargo la existencia del otro nos impele, su respuesta nos agrede puesto que se atreve a ser alguien, un interlocutor indeseable. ¿Si yo he decidido que este fulano sea nadie, por qué se dirige a mí como si debiera importarme? Este nadie se atreve a interpelarme, pero en mi respuesta le haré saber mi indiferencia, verá, comprobará que en efecto no es nadie —una expresión ambigua, contradictoria—, que para mí es nada y que, en cambio, otros sí son ALGUIEN para mí. SON. Y yo soy ALGUIEN con ellos. Pero en realidad, en el fondo, aquellos a quienes halaga en su ninguneo son meros pretextos para hacerle saber al otro su insignificancia significante.

*

Él o ella no, no quiero que existan, no quiero que se interpongan en mi camino, en el camino de aquellos que para mí significan (aquellos que me hacen significar).

*

Vomito el significado de aquellos a quienes ninguneo, un significado que me agrede por solo existir, porque me caen mal, porque alguna vez recibí de ellos algún desprecio o indiferencia, porque son buenos en algo o porque se me da la gana y ya, porque yo solo me trato con gente a mi modo, con quienes saben vivir la vida como yo, no con esos que son un mero estorbo. Entonces, mi ninguneo tiene que ver con que esos nadie deben saber que no deben meterse en mi camino, no deben apartar un lugar en la mesa, no deben ocupar un puesto en el trabajo, es imposible que alguien sea capaz de darles un lugar a menos de que sea otro nadie, otro más que se le una para poderlos ningunear en conjunto, hacerles ver la nada que son, que deben sentirse, los nadie cuya existencia inexplicable aborrezco porque en ellos proyecto mi propia nada, la nada que cada uno terminamos por ser en este mundo que sigue su propia trayectoria indiferente.

domingo, julio 29

Nadie, ninguno

Soy nadie, ninguno.
Bebo mi café de nadie,
le echo azúcar o nada,
escribo palabras fantasma.
Este aire es nada.
Los autos pasan,
risas, reflejos.
Ninguno
escucha.
No hablo siquiera
porque no hablo para nadie.
Soy nada en este desfile de locos,
gente de verdad.

miércoles, junio 6

Escondite


El ratón sale, toma por asalto la silla giratoria. Las lámparas de neón escupen su resplandor verde sobre las computadoras y los celulares de queso blanco. Algunos silban el himno a la alegría, hay quien ríe a carcajadas. Con todo y sus bigotes y cola erguida, termina arrugando el semblante oficinesco como si acabara de recibir una soberana paliza con una escoba de paja. Se refriega la nariz en la mesa del escritorio lleno de pequeños hoyos, cala las finas uñas en el teclado, empieza por partir un pay de queso con los dientes quebrados para celebrar el aniversario de la máquina expendedora. Un letrero en la recepción advierte: “Salida de emergencia”. Él recorre los blancos entre las líneas del contrato como a un laberinto fácil de descifrar si tan siquiera le interesara.