miércoles, agosto 5

La reunión

Cuando no están muy en su papel, los malos
y los buenos, sin que nadie se entere,
hacen reuniones poco elegantes, piden una pizza
e invitan incluso a los tiranosaurios, a los marcianos
a tomar nieve de garrafa o de crema sin gluten.
Darth Vader pierde iniciativa y se echa
en un mullido cojín a descansar de su pesado
casco, la tanta responsabilidad que conlleva
ser malo entre los malos. Los que hayan sido
ahorcados por su poder sit, vuelven a 
las andadas y se beben juntos un Seven-up,
comparten equitativamente
un pastel de los Cazafantasmas de cuatro pisos.
Porque el Doctor Doom es un ferviente admirador
de lo sobrenatural, como nadie imaginaría
tras su fachada de hombre de la máscara de hierro.
Gokú y Vegeta sobrevuelan la reunión
y aterrizan soberbios, como sayayines nivel 4
para beneplácito de la princesa Leia, quien 
ya se estaba aburriendo del güerito jedi
que todavía no se entera de su parentesco.
Los 4 Fantásticos se dejan de cosas y organizan
una rifa entre los presentes. El premio mayor
es ese robotito, Herbie, que desentona.
El Santo y Blue Demon llegan a la fiesta
en sus autos deportivos a control remoto
y se ligan a un par de Barbies que resultan
ser una vampira y una momia ancestral.
Al final todos brindan con sus nieves de pistache
por una batalla mejor que la anterior,
con menos soldaditos caídos
a manos de Godzilla y King Kong,
que en represalia por ser estigmatizados
hacen tal alboroto que tienen que sacarlos
de la Baticueva ornamentada ad hoc, algo kitch,
hasta que terminan flotando, quitados de la pena,
en el agua del lavadero que espumea
shampoo vertido por los playmóvil del barco
pirata en su intento de pasar desapercibidos
entre pompas de jabón.

Encantados

Te quedas inmóvil: haces un esfuerzo por no reír,
ser una estatua de sal o de grajea, da igual,
con tal de no dejar ir el silencio entre el griterío.
Niños corriendo a río revuelto,
ganancia de día soleado.

viernes, julio 31

Comensales

En la actualidad se conocen cerca de 1,700 especies de pepino de mar

–también llamado holoturia u holoturoideo, del griego ολοθυριων–

dispersas en el fondo marino de todos los océanos.

Su semejanza con la hortaliza le da este rimbombante

nombre, aunque no sería raro confundirlo con una babosa.

Puede caber en la palma de la mano, o medir

hasta 20 o 25 centímetros de longitud.

De textura gelatinosa, se le encuentra en color

marrón, verde oliva o negro, según le convenga

adaptarse al ambiente para sobrevivir.

Cambia de forma en respuesta a la presión

del agua y sobresale por su gran capacidad

de contraer o expandir su cuerpo a voluntad

ante la amenaza de habituales depredadores.

El pez perla (Carapus bermudensis) gusta de hallar

refugio en su ano, donde se introduce como un supositorio

para protegerse de la intemperie marina.

Llega a tanto la simbiosis, que el pez perla

ocasionalmente se reproduce en el recto

del pepino de mar, se alimenta

de sus tejidos respiratorios

y hasta forma un nido a donde regresar

cuando la fortuna del lecho marino

no le hace buen placer.

Se entiende que la amistad

es vista de distinta manera

por una y otra especie a cuya relación

le llaman algunos biólogos comensalismo,

es decir, la de aquellos que comparten su comida

en la misma mesa.


Retro

Nada menos que a finales de los noventa
transmitían un programa en el canal Retro
los jueves a las siete pe eme:
aquel en que un viejito de bigote afilado
y ojos agrandados como el asombro,
descabellado como el enigma que enmascara
el terror, aparecía en una cápsula de 5 minutos
entre los parpadeos de un ventilador industrial
para explicar la película que él había elegido,
por ejemplo, una a blanco y negro situada
en una Nueva York de sacrilegios, maldiciones,
amuletos y momias milenarias, monstruos
de grandes tetas y alienígenas invasores.
Ignoraba quién era ese viejito de voz aguardentosa,
de cadáver descomponiéndose. Años después me enteré
y no pude dejar de buscar a Alberto Laiseca en Youtube, 
recomenzar.

martes, julio 28

Si eres un niño poeta

Los políticos te querrán en su campaña,
los gestores culturales te asignarán el último lugar
para que cierres la feria local con elegancia,
las señoras del taller literario te llenarán de mimos,
te recitarán en clubes de lectura de poesía reciente,
serás la estrella en estaciones de radio universitarias,
en programas mañaneros de televisión,
tus padres hablarán de ti a desconocidos,
aparecerás en la revista Gente Bien
rodeado de acicalados novelistas del momento,
te aplaudirán en los auditorios apenas con asomar la nariz,
tendrán consideraciones con tus padres, pero sobre todo
esperarán incrédulos a que los rescates del aburrimiento,
te compararán con Neruda, con Benedetti, con Gelman
y te invitarán a fiestas de piñatas, a shows de magos
y de payasos sin tristeza, te harán maestro de ceremonias
en fiestas de quince años, en reuniones familiares,
en obras de teatro para niños y para adultos
que verán en ti al próximo Sabines.
Solo mantente alerta, no importa qué opinen,
recibe sus regalos, sus dotaciones de dulces,
sus confidencias acerca de la poesía que nunca los visitó
y planea, a escondidas, destruir tu futuro.

lunes, julio 27

Lenguas de gato

Las lenguas de los gatos tienen papilas cónicas
con las que se acicalan
la cuarta parte del tiempo
en que permanecen despiertos.

Han sido consideradas por los expertos
un instrumento inigualable
para combatir alérgenos en el pelaje,
incluso han comercializado cepillos
basados en el estudio de lenguas
como la del gato montés, el puma,
el irbis, el tigre y el león.

Las lenguas de gato son suaves
si se chupan con demora
y saben a chocolate.

Conozco amigos alérgicos a los gatos,
pero no a las lenguas de gato.

Disfruto tanto los borrachitos

que una vez, en medio de un juego
de policías y ladrones,
al pasar por la tiendita
compré una bolsa de papel estraza
y pedí que la llenaran hasta el tope,
me escabullí a uno de los tantos baldíos
en los alrededores de la casa
y, cubierto por la enorme hoja
de una hierba que parecía
extender su mano
sobre mi cabeza,
saboreé cada borrachito:
desde el color hasta su pulpa,
contento
de no compartir
mi nueva y resuelta
religión
azucarada.

domingo, julio 26

La niña que me gustaba se llamaba Laura

Era una güerita de pómulos sonrientes
a la que me le quedaba viendo
cuando salía en bicicleta.
Mi hermano y mi primo se dieron cuenta
y por juego o reto me animaron,
casi me empujaron
a decirle que me gustaba.
Fui a la tienda, le compré
una paleta de mango con chile
y tres chicles rosas de bolita.
No quería hacerlo,
o sí quería, así que
ante el apremio de Rafa y Toño
timbré en su casa
enfrente de la mía, abrió
la puerta uno de sus seis hermanos,
me miró extrañado, dio media vuelta
y entonces apareció Laura:
su sonrisa resplandeciente,
sus cabellos rubios
tomados por una diadema.
Le declaré mi amor
de la manera que imaginaba
había de ser al mirar
una película
a blanco y negro
de Romeo y Julieta:
hinqué una rodilla
en el piso de la cochera
manchada de grasa
y le extendí mi obsequio.
Laura me miró y confesó,
casi por no dejar,
que Manuel, mi mejor amigo,
se me había adelantado
con una caja entera
de paletas de mango.
Sonrió ligera, tomó los dulces
y cerró la puerta.
A partir de ese día comencé
a ver en los árboles y postes
un corazón desdibujado:
sus nombres atravesados
por una flecha
que me hería.

Teatro de títeres

Papá nos regaló un blanco teatro de cartón
adornado de máscaras que lloran o ríen,
viene con pequeños libretos a manera de guiones,
cuentos populares como Pedro y el Lobo,
Caperucita, Cenicienta, reyes de tornasolados
castillos, Blanca Nieves, El Príncipe Feliz...
Rafa y yo —tenemos algo así como 8 y 6–
decidimos representar las obras en la calle,
donde los escasos autos no tienen más remedio
que rodearnos. Los títeres hacen de las suyas
aun cuando mi hermano y un vecino piensan
que los hacen actuar. Yo voy a la tienda de la esquina
por dulces en la bici, llevo a los niños pequeños
a sentarse en el gris cemento para presenciar
el espectáculo, les cobro algunas monedas,
los regreso a sus casas alucinados
y ya en casa, en secreto, vuelvo a dar cuerpo a los muñecos
con mis manos que mezclan las historias.

jueves, julio 23

Nunca tuve el Halcón Milenario

Me gustaba inventar naves a partir de pequeños objetos:
mis preferidas eran las plumas Bic, de las que además
podía separarse una cápsula exploradora del universo.
Del foco —ese planeta luminoso— caían los personajes,
que antes eran humanos o cualquier otra cosa,
pero luego se transformaban en seres de plástico.
Miraban su antiguo hogar no sin nostalgia, y pronto
se aliaban con soldaditos, robots, tiranosaurios,
animales de la selva, Hot-Weels, los 4 fantásticos,
los Vengadores, Chewbacca o la Liga de la Justicia
que avanzaban contra Darth Vader al escritorio de metal
resguardado por muros de dados gigantes, el Doctor Doom,
Hulk, su guardia personal, piezas rotas de otros juguetes
 —la nave de Anakin Skywalker era un verde casco
de ingeniero constructor regalado por mi primo.
No recuerdo quién ganaba ni si eso importaba,
solo que unos y otros iban a la guerra
como quien anhela recuperar lo perdido.

martes, julio 14

Fuera de lugar

Mi tatarabuelo Benigno Medina
vivió al menos dos tragedias.
Su esposa Petra Nuño
se enamoró de su hermano
pero se casó con él.
Para quitarle las tierras
que poseía en Santa Rosa,
le mató su cuñado.
Total que ni su esposa
lo quiso de verdad
ni sus tierras cosechó.
Sin el tatarabuelo Benigno,
esa ficha de damas errática,
el juego no tendría lugar.

lunes, julio 6

A quien corresponda

Este es un poema, si acaso alguien lo lee
y así prefiere llamarle, escrito
porque duele cómo pasa el tiempo,
cómo da la bienvenida a otros instantes
que también serán acribillados.

viernes, julio 3

María Feliz

A la mamá de mi abuelita María
la llamaban Feliz.
No fue ese su nombre de pila,
sino María Félix, pero por alguna razón
su natural significado, más suave
al oído, se fue imponiendo
como la gente sencilla
que gusta de mirar el sol
sentada en su equipal.

jueves, julio 2

Verdad o mentira

Soy culpable
de un crimen
que olvidé.

Digamos que viajo en el tiempo y logro cambiar el presente

He leído a los grandes autores, a los pequeños
hasta el extrañamiento, esa felicidad sutil.
La bienaventuranza me acompaña
como una medalla de plata a un niño.
Los amigos nunca se han ido, mi chica
me sonríe con los ojos, me toma
de la mano y siento el fluir de su sangre.
No importa si he viajado, si poseo una casa,
un perro o la pecera donde el Beta
se arremolina cuando entro a la habitación.
Me importa un bledo si tengo un doctorado,
un auto de última generación o me volví millonario.
Nada me hace falta, despierto
una mañana no sé si fría o infernal,
en todo caso una mañana con mañana. 

lunes, junio 29

No estoy de acuerdo

No estoy de acuerdo con cómo ocurren
las cosas en mi país, no estoy de acuerdo
con la enfermedad que se hace llamar amiga.
No estoy de acuerdo con cómo el primo,
la amiga querida, el joven de al lado
no regresan nunca más a su casa.
No estoy de acuerdo con pagar
hasta por el sol que respiramos.
No estoy de acuerdo con esta época
ni sus fronteras, ni su presbicia.
(Los vecinos algo perdieron, algo están
por perder, algo presienten...)
No estoy de acuerdo con la palabrería
ni con esta soledad salvaje, de pez Beta
en su habitación líquida, no, no estoy
de acuerdo con estar aquí, en la azotea,
de pie frente a tanto silencio disimulado.  

jueves, junio 25

Malos cálculos

Maldito dolor de estómago que no me deja,
no me abandona a mi suerte. Tiene que aparecer
en el momento que decido cerrar los ojos
luego de ver series de superhéroes y de místicos
que ponen los ojos en blanco para hacer visible
su magia. La bebida de naranja agria
no surte efecto, quizá debido al resplandor
de la luna llena sobre las hierbas mojadas.
Vaya dolor que ni se apropia del todo ni se retira
como el que ha fracasado intento tras intento
en medio de este trajín de ciudad en bancarrota.

lunes, junio 15

Gusano barrenador

Una rama seca en un árbol de aguacate
sin motivo aparente puede ser la evidencia
más plausible de un ataque de gusano barrenador.
Se conoce por devorar ganado, pero una especie
en particular guarda preferencia por la madera tierna.
Los aguacates son vulnerables
en el otoño y el invierno
si la tierra donde se asientan
no ha sido debidamente abonada.
Las desgracias, por regla general, ya no botánica,
sino humana, hallan su razón de ser
en los más débiles. Álamos, sauces, olmos y cítricos
son otras especies atacadas por este insecto
que suele transmitir su herencia
al depositar huevecillos en los agujeros
que escarba en la madera. De hecho, esta práctica
le ha ganado merecidamente el adjetivo.
En casa perdimos algunos mandarinos,
naranjos y uno de los dos aguacates
que nos daban sombra en el huerto.
El remedio recomendado es bañar
las hojas y tallos de los sobrevivientes
—una vez curadas las raíces—
con jabón potásico y extracto de aceite de neem,
así como con un fungicida llamado cola de caballo.

lunes, abril 13

La tía de todos


Mi tía Anita cantaba el Ángelus
en el patio al mediodía.
No sé por qué ni cómo,
la gente solía escatimar
su contagioso asombro
de comprender el mundo.
Calladita se sentaba,
con una sonrisa pegajosa
que bastaba para decirlo todo.
Acompañaba a mi abuelita,
desde chiquilla la siguió
a cualquier parte: a misa
iban del brazo por Ramón Corona
enrebozadas y apuradas;
a la plaza, a los elotes,
al molino para el nixtamal,
a visitar a los parientes
de Santa Rosa, de Camajapa,
a la Virgen de Talpa.
La tía Anita cuidó a cada uno
de sus sobrinos y a los hijos
de sus sobrinos.
Sobrevivió a sus hermanos
María, Víctor e Irineo.
Les cantaba el Ángelus
a los que ya no estaban,
a ellos sí que les platicaba
quién sabe qué de cosas,
no le paraba la boca.
Se fue silenciosamente,
tanto que tal vez no hubo funeral,
tanto que no recuerdo
que haya muerto.

domingo, abril 12

Cuatro insistentes paredes pueden volver loco a cualquiera

La lámpara cercena con la luz de sus tentáculos
esta tarde lisiada, donde una idea es derrotada
cada que el segundero tiene un tic.
Con ganas de estar en la playa viscosa,
Vitrubio, de tus pensamientos,
al menos tendría sentido no desbalagar asombros,
llaves ni bocas resecas sin antes hacer gárgaras
con tus, oh, ahora comprendo: bárbaras imágenes
de insectos planetarios. No sé, no sé, no
sé nada de nada, ni siquiera sobre la nada.
Si estuviera en la playa podría nadar en la nada
sin preocuparme por los filos virulentos
que acechan tras la ventana, la puerta,
en el librero, la pantalla de plasma.
Si no hay salida, si estoy condenado
aunque ignore de qué me acusan, si la libertad
es un clown encerrado en la habitación
de los deseos a cuentagotas,
me gustaría ser extrañado por las hormigas
en el punto de fuga de la página.
Soy como el niño que insistió en llevar
su juguete a la escuela,
y al voltear distraído en el recreo
ya no lo encontró.

viernes, abril 10

En el principio era el caos

Watson enumera punto por punto
las deducciones de su recién conocido
Sherlock Holmes.
Intenta tomarle por sorpresa,
verlo sucumbir a la contradicción
adivinando
la longitud de la zancada del asesino,
el color de sus ojos verdes,
la multitud de pistas invisibles
a los neófitos del oficio.
No es cosa de fe, es verdad.
En algún momento ha de caer,
con todo y su sonrisa petulante.
Sherlock, al parecer ajeno
a la disquisición del veterano,
solo atina a fijar la mirada en el techo,
como distraído, para inmediatamente
soltarse a dibujar en su libreta
el rostro impávido de su futuro aprendiz
de mago.

sábado, abril 4

Bloqueo

Lo escrito y perdido,
lo no perdido, escrito,
lo perdido sin escribir,
lo escrito para perder,
lo perdido por escrito,
lo no escrito, perdido.

sábado, marzo 28

Oda al emisario Benjamin Sisko por recuperar Deep Space Nine capitaneando la Defiant

Te abriste camino entre la marea
—naves Jem’Hadar
y locuaces cardasianos—
como ese tal Moisés, que a paso lento
miraba muros de peces
boquiabiertos.

Te abriste camino a velocidad 9 warp
hasta el agujero de gusano,
confrontaste al acuoso Dominio
al otro lado de la galaxia
—gusanos confianzudos eran otros.

El milagro
no fue cosa de dioses.

Lo humano, lo en serio humanoide
será recordado
no con estatuas lúgubres
de la Tierra o de Bajor
ni del Imperio Klingon.
No en estaciones galácticas
de vacacionistas planetarios
ni de la Flota Estelar,
sino en la sonrisa
apenas perceptible
de la mayor Kira,
de Odo el transformista,
de la osada Dax, trill de seis vidas
Worf el imbatible
o el invisible y genial Rom,
los amigos
que ven en tu triunfo el suyo propio,
pues habiendo perdido casi todo
lo han recuperado
con intereses ferengi.

jueves, marzo 26

Alrededor de un vacío que se vacía

A la deriva, al borde
la simulación de la hache
o mejor la uvé
que ha perdido en beso entre diente y labio,
el impulso del aliento que traspasa los dientes
y hace huir la carnosidad ensalivada,
la empuja hacia la nada,
una palabra pasajera.
Quién diría que el lenguaje escribe,
no dicta, direcciona a través de pistas
imaginarias, inusitadas o afiladas contra
el muro de contención de los significantes
que no acaban de librarse, como perros mojados,
de la humedad referencial. Esa flecha a veces roma
taladra al sustantivo sin sustancia.


viernes, marzo 13

Hay un yo lírico encerrado en todo esto

Persiste en la derrota y en el triunfo,
se deja acariciar por extraños y muestra los colmillos
ante la crítica más severa, ante los modosos reseñistas.
No le agradan las fastuosas revistas de moda,
aunque le encanta ganar algunos pesos si se los ofrecen
con cortesía. Hay un yo lírico escondido en todo esto
que hace de las suyas en contra del poema inacabado,
de la estructura fragmentaria y de la hemodiálisis
a la que se someten los versos de laboratorio.
Hay un yo lírico encerrado en todo esto, a veces
persigue al joven de la pizza, a la niña de los volantes,
al carnicero que lo mira con desprecio,
afilando su cuchillo prosódico.
Hay un yo lírico encerrado en todo esto:
alguien sospecha de sus motivos ocultos,
las pistas que va dejando
tras de sus crímenes.

viernes, marzo 6

El arte del suspense


A casa viene a visitarnos todos los días
un psicópata. A veces usa un tónico de invisibilidad
y nos observa desde el sillón donde se oye
cómo juega videojuegos o escucha a su influencer favorito.
Quarq es una de sus palabras predilectas, la repite
para sus adentros como una guacamaya
mientras piensa cómo arrancarnos
la garganta, cómo aplastarnos de un manotazo.
No le vemos, solo percibimos la marca de su gran peso
en el sillón roto de la sala. Otras veces el psicópata
se deja ver, pero tanta es la ira que nos tiene
que hace graciosos bizcos detrás de la máscara de aire
colocada por los niños en el sueño.
El psicópata habla y habla de sí mismo:
no hay tema que no provenga de él
o no vaya directo a él.
El otro día fue tan bondadoso que interrumpió la conversación
para aleccionarnos sobre la humildad
poniéndose de ejemplo.
El psicópata no llega a los golpes, aunque pudiera hacerlo,
¿pues qué caso tendría amenazar, qué sentido el suspenso?
El psicópata elige a un miembro diferente de la familia
para hacerle ver quién manda, que todos
están equivocados. La esposa del psicópata
es un androide programado para aplaudirle
si nadie más lo hace. Y nadie lo hace.
Estoy a punto de dirigirme a la cocina.
Detecto el punzón recalcitrante
de unos ojos invisibles que me odian
y se clavan en mi cuello.


Elogio de los huevones

Huevón es aquel al que le pesan tanto sus órganos masculinos o femeninos que resulta incapaz de levantarse de su no lugar en el mundo. Huevón, mi semejante, mi prójimo. Te llaman así los envidiosos. Tu actividad es en verdad tan grande, tan primorosa, que se les escapa de las manos con todo y su gramaje hormonal. Deja que ellos dignifiquen con su orgullo el vilipendio al que son sometidos durante su jornada de ocho horas en un ambiente de intrigas y de chismes, doblando turnos, en actividades que alguna vez prometían significar algo y demostraron ser no más que acumulación de horas inhumanas, infravaloradas, en realidad sin valor. Ante su resplandeciente andar cabizbajo y subordinado, el gesto altivo de sus jefes y el ninguneo de sus compañeros de trabajo, te ven a ti, ocioso, huevón, como una amenaza a la idea que tienen de sí como hombres o mujeres de provecho. El sueldo de cada quincena les justifica la existencia. Ah, la heroicidad de la oficina. Y todo para arrogarse el derecho a ir de compras en esos lugares comunes a la gente del siglo. Tanto te pesa levantarte para atender la obscena llamada que ofrece un nuevo crédito, caminar para abrir la puerta que tocan con insistencia perruna, enarbolar la bandera del chambeador. Como haces lo que quieres, eres un peligro que pone en duda la productividad de los convencidos de su sitio en el mundo, de los que se arrogan la estúpida felicidad de ser irremplazables, al contrario de esos otros que no avanzan por huevones. Obvio, el empleado del mes finca su felicidad en la esperanza de ser otra vez elegido, felicitado, palmeado en cuanto vuelva su turno en el carrusel de los aplausos. Y es que la huevonada, esa palabra nada sutil para denostar a la ociosidad como un despojo del tiempo, termina por ser crítica del esforzado por caerle bien a sus jefes, por estar en el pináculo del reconocimiento oficinesco, de aquel que entre más se soba el lomo realizando tareas que ingenuamente piensa necesarias más gasta en tonterías. Huevón, tú sí que sabes aprovechar el tiempo. No tiene caso trabajar, esto lo comprendes a mucha honra, mejor que nadie. No vale la pena si no es en favor de ti mismo. Al fin y al cabo, el que no ha sido huevón da hueva. Bien que lo sabes, huevón que en algún momento de tu ligera existencia experimentaste ser un héroe, un patriota de lo mismo, ese al que ahora —si no te diera flojera— mirarías con lástima. Lo inútil es desperdiciar el contado tiempo repitendo el ritual de los días y los años. Y por si fuera poco, el colmo del sacrificado trabajador es pensarse superior al huevón, aunque estar en tu lugar, así fuera por un breve instante, le revelaría la futilidad de su aureolada vida.

lunes, marzo 2

Poemas / Kynpham Sing Nonkynrih

Ïing Sad: guía de turistas

Estos pilares, comenzó, roídos y ennegrecidos por el tiempo,
han sido traídos de los raijs, las provincias de
Sawkher Lailyngdoh y Mawshai, hace muchos siglos,
cuando fundaron el Hima de Shillong.
Este cuarto oscuro ha sostenido cabras sacrificadas
durante miles de festivales.
Esta negruzca puerta con líneas horizontales marca con cal
la cantidad de cabras traídas de cada raij en cada festival.
Ésta es la sala más amplia, el sanctum sanctorum;
apenas iluminado por aquellos agujeros en el techo de paja.
Todo aquí está negro por el tiempo:
esta estera de bambú junto al hogar
ha sido asiento de un siglo de sacerdotes y duhalias,
y el hogar ha sido cálido y los ha entretenido
por miles de años, cada año.
Estas ocho vigas atraviesan el techo
para proteger al palacio de terremotos:
el humo de la madera los ha ennegrecido con hollín,
incluso a este sacro tótem rodeado por la estera de bambú.
Esto sólo puede tocarlo el Soh Blei, Fruto Divino,
el gran sacerdote y la Syiem Sad, Reina Madre.
No puedo decir por qué, pero como pueden comprobar,
todo aquí es antiguo y misterioso, e inamovible, excepto
el techo al que añaden una nueva paja cada primavera,
meses antes del Pomblang, el festival de danza y rituales.
Este triste Ïing, la Casa de la Reina Madre,
en forma de caparazón,
no lo encuentra hermoso ni majestuoso.
Tampoco lo ve único porque fue construido sin clavos,
ni siquiera le interesa compararlo
con el Arca de Noé. Lo que en realidad le intriga
es el ritual que regenera el techo. Es una gran lección:
incluso los ciclos de la cultura requieren un nuevo techo al año.
Esta casa ejerce su atracción hacia él como un lazo de sangre
mientras una enorme tristeza lo sofoca al pensar
que aunque no sea nuevo el techo, una nueva casa se construye este año.



Una cabeza de cabello blanco
The sign of winter is a head of white hair.
Soso Tham
Ask me about women, for here I am
A doctor who knows their circumstances.
A man with white hair or one short of cash
Has no share left in their affection.
De «Noche 170 » , Las noches arábigas
Lleva una cabeza de cabello blanco
y una cara con el triste vandalismo del tiempo,
y las mujeres de la familia lo miran con curiosidad,
hasta exclamar: «¡Cómo ha cambiado !» .
Atrás ha quedado el brillo eléctrico,
esa risa silenciosa en sus ojos,
invitando, atrevida, burlesca...
esos ojos que se levantaron de manera inesperada,
la apertura de los pétalos, el amanecer partido en dos,
el día que comienza con un nuevo entusiasmo—
ojos, clama en la desolación,
¿no hemos conocido ya esos ojos
que bailaron traviesos mirando tus ojos?
¡Tejedores de romances y oscuras fantasías !
Cada uno había sido una posibilidad,
un amor, una alegría, una celebración...
Lleva una cabeza de cabello blanco,
debe forzar un noble desinterés en sus ojos
como si no tuviera sentimientos.
No hay belleza para los ancianos,
deben mirar y perecer,
su adoración es abominación,
todo lo bueno es memoria.
Lleva una cabeza de cabello blanco,
y ella le dice, Tali,
esta criatura de veinte,
«Dale color,
todavía eres suficientemente joven,
dale color,
hazlo por mi bien » .


Versiones del inglés de Carlos Vicente Castro.
Publicadas en Luvina 97

Entre labios / Desmond Kharmawphlang

Pasándola entre los labios, un ancestro recuerda

la nuez de betel masticada que la abuela transmitió
de los huecos de sus manchados dientes a la palma de una mano y otra vez a mi boca.
Muchos años después me encontré enseñando la tradición
transmitiéndola
de boca en boca.

Una cesta de caña donde colocábamos nuestros calcetines estaba
repleta de sus historias.
De pronto se transformó en un nido y
volé con aves desconocidas, mareadas y somnolientas,
buscando mantos de nubes en el maizal del gato mítico
que en ocasiones araba los cielos.
La canasta de caña desapareció cuando
un armario de madera se instaló en nuestra casa de tres habitaciones.
Los calcetines hallaron un nido y comencé a escribir las primeras letras del alfabeto.

Mylliem, donde mis antepasados imploraron por su liberación del invierno amargo,
donde lucharon con tierra y piedra para escribir sus memorias.
Hoy, perdidos y cerca de cincuenta, sitiados y presos por los libros,
en ocasiones murmuro una oración: «Abuela, cuéntame otra historia » .



Versión del inglés de Carlos Vicente Castro.
Luvina núm. 97

viernes, diciembre 27

Espera

Con el auto varado en la avenida, llevado por el hastío,
podría, si quisiera, declararme en contra de la lírica.
¿Pero no estaría haciendo lírica al mismo tiempo?
Lo atinado, lo verdaderamente contrario
a la vana expresión de holgazanes emociones
en tanto aguardo a que me salven
de este ruido endemoniado, este tráfico
de hora pico, sería balbucear
alguna historia épica, por menor que fuera.
Declararme versus la lírica favorecería
innumerables simpatizantes en Facebook,
cierto acto interesado si bien incapaz de dar alivio
a esta situación en que el termostato de mi auto gris
se ha volcado a vomitar
líquido verde a la banqueta plagada de basura.
La tentación es decir que su máquina se encuentra
en el mismo estado que yo, una falsedad.
Solo estoy aquí, al margen del tráfico, como
cualquier otro ciudadano en la nada heroica espera
de una simple grúa.

miércoles, diciembre 25

Un bosque de posibilidades

Macbeth estaría chiflando en la loma,
cabalgando su caballo entre serpientes,
si hubiera recibido la noticia de la muerte del rey
no por mano propia
o inapropiada.

Tan iluso en su papel de Judas,
tan emperifollado con título ajeno,
no podría durar ni dudar de su posición.

Una sonrisa divide en dos su rostro: grieta.

Anda Macbeth, pavonéate, tómate la selfie
en el lugar que te hacía falta,
tienes aquello por lo que tanto bregaste
con insidia, palabras nacaradas y filosas,
con la cobardía que corona a los traidores.

Al cabo ganaste a pulso lo que no te pertenece,
aprovéchalo, ándate sin rodeos
hasta que el bosque de las circunstancias
cerque tu empalagoso estar desubicado
en el mundo que amas y te desprecia.


Simple

Qué poco interés tengo en quedar bien con las orugas
apostadas en la piedra pómez del jardín,
pues qué significa un jardín sino la esclavitud
de la hierba salvaje, dada al caos,
a la libertad de las esporas.
De verdad te digo: la sangre en el papel
nada tiene que envidiar a aquella en los pulmones,
aunque sea una farsa, la muestra de lo perdido
y encontrado
o el objeto más inesperado.
Te lo comento quedito, a ti que gustas de la dialéctica
patética y patentada —emparentada,
es un privilegio estar vivo, elegir
palabras acariciadas bajo la lengua
tal mascotas domésticas
y arrojarlas desde este silencio de cojines salivales
al ruido de una ciudad
distópica.

martes, diciembre 24

Brief

Fuera de tono, mal afinado,
desbalagado como una envoltura vacía
de Doritos Diablo, ¿o eran Nachos?
El mundo, zanahoria blanda,
está echado al mediodía.
Si todo fuera mantener el ritmo
en las neuronas que acaban de morir.
Si tuviera que representar a la Realidad
habría de sumergirme en el agua de la mentira
y salir ileso y radiante,
patinando palabras lúbricas.

jueves, diciembre 19

Mirando hacia la lejanía

Al otro lado del Rubicón, los dioses
no podrían protegerlo.

Había que eludir las flechas ansiosas de fortuna,
la glotonería de las espadas, a los escudos entusiastas
del fétido olor a coágulo.

Pero César era
sal de conquista, ¿acaso Pompeyo
no sabía apreciar el resplandor
de la grandeza?

Sin duda le guardaba estima,
de ahí que quisiera doblegarla.

domingo, diciembre 15

He oído de alguien llamado Pol Pot

Me persiguen por laberintos de cuchillos,
cuando sueño, en estados alterados,
por rincones inesperados, de manera virtual
y concreta. Me persiguen tal moscas a la sopa,
los viernes por la noche, de madrugada,
en lecturas de poemas con sillas vacías,
en mensajes de texto de circulación anónima,
me persiguen en las cenas familiares,
en aquello que callan, su voz quedita y sin rostro,
me persiguen en trenes de aire, bajo lluvia ácida,
con fuego de relojes, usando máscaras amables
y asesinas, me persiguen para cortarme
mil veces la cabeza.

sábado, diciembre 14

Ojalá vuelvas pronto

Ansiosa entre cuatro paredes,
Macuilxochitzin
busca en vano
la figura de su padre Tlacaélel.

Que venga con los brazos
manchados de sangre seca, tatuados
con gritos de guerra y dolor
de otomíes
enfrentados a su macuahuitl.

En el fondo, Macuilxochitzin desearía
haber peleado la guerra,
rodar cabezas por el suelo.

Susurra un leve canto
a la tarde soleada,
al horizonte deslavado.

La batalla hace temblar la montaña
donde ha corrido descalza, imaginando
los cráneos que limpiará y colocará
uno a uno
en el altar.

miércoles, diciembre 11

En lo alto del palacio

El canto del cenzontle, tan hermoso
a los oídos, no parece ser definitivo. Tampoco
los rumores
de que la madre de los cuatrocientos
llora
por todos los rincones del imperio.

Motecuhzoma mira el ir y venir de los hombres con cacao para el trueque,
animales faisanes
y guajolotes—,
ánforas y vasijas que harán los deleites de las recién casadas.

El tlatoani observa cada detalle, cada trajín
de su esplendorosa ciudad alzada en el lago de Texcoco.

Los niños juegan a ser Águilas,
Jaguares, a vencer
a los tlaxcaltecas y sacrificarlos con el corazón a descubierto.

Los dioses son terribles
si no se les alimenta.

¿Pero por qué llora la Coatlicue?, ¿serán ciertos
estos informes? El destino de todo reino es la caída,
piensa, aunque no se resigna
y envía emisarios a explorar los nuevos signos de los tiempos.

domingo, diciembre 1

Adversus Deo

Qué ha hecho por mí, o por nadie,
si nos puso a caminar sobre piedras ardientes,
entre cardos e insectos ávidos de clavar su ponzoña.
Por qué habría de rendirle pleitesía
a quien me arrojó a los leones, quien me hirió
con su garra altiva y filosa el rostro de niño.
Por qué habría de creer en su bondad,
en su palabra maltrecha, en su odio feroz.
Mi alma, si existe, se vuelca en un desierto rojo,
en el viento que golpea con furia
los huesos y hace rechinar mis dientes.
Por qué habría de creerle si me desea crucificado,
sin cabeza, asesinado por arpías que visten Gucci.
Por qué habría de creer a quien me forjó
de sobrantes en el festín, de desperdicio
y me dio una lengua para callar y unos ojos
para estar ciego, manos sin huesos.
Por qué estoy donde no debiera,
por qué tomarse la molestia con este trapo viejo,
esta garantía de nada.

sábado, noviembre 30

Mala pata

Esta noche un gato se cruzó en mi camino,
frené un poco para no atropellarlo y me di cuenta
de que no era del todo negro. No sentí alivio:
¿podría tentar más a mi mala suerte?
Su mancha blanca es una sucia abominación.

lunes, noviembre 25

Visitante

Entró un ratón al cuarto y no sé
si darle la bienvenida entre mis libros,
invitarlo a salir escoba en mano
o dejar que se encargue la señora del aseo.
Después de todo es un visitante que come
mis migajas, se apresura a escapar de mí
en cuanto abro la puerta de par en par.
Creo que lo atraparé si me quedo quieto,
si no hago ningún ruido... Sospecho
que tiene un plan para sorprenderme
mientras oye mi respiración a oscuras,
mira mis ojos moverse tras los párpados
y recorre mis piernas
como si se jugara la vida en ello.

viernes, noviembre 15

Résignation / Resignación (Paul Verlaine)


Résignation

Tout enfant, j’allais rêvant Ko-Hinnor,
Somptuosité persane et papale,
Héliogabale et Sardanapale!

Mon désir créait sous des toits en or,
Parmi les parfums, au son des musiques,
Des harems sans fin, paradis physiques!

Aujourd’hui plus calme et non moins ardent,
Mais sachant la vie et qu’il faut qu’on plie,
J’ai dû refréner ma belle folie,
Sans me résigner par trop cependant.

Soit ! le grandiose échappe à ma dent,
Mais fi de l’aimable et fi de la lie!
Et je hais toujours la femme jolie!
La rime assonante et l’ami prudent.



Resignación

De niño soñaba con Ko-i-Noor,
Con suntuosidades persas y papales,
Con Heliogábalo y Asurbanipal.

Mi voluntad creaba bajo techos de oro,
Entre perfumes, al ritmo de la música,
¡Harenes sin fin, paraísos concretos!

Hoy, más tranquilo y no menos ardiente,
Sabiendo que en la vida hay que doblegarse,
Debo refrenar mi bella locura,
Mas sin resignarme tal vez lo suficiente.

¡Así sea! Lo grandioso huye de mis dientes,
Mas, ¡fuera la amabilidad y fuera la mierda!
Y todavía sigo odiando a la mujer hermosa,
A la rima asonante y al amigo prudente.


Fuera

Ya quiero salir de mí, estar fuera de este cerebro
ensimismado, atrofiado por una lírica vestida
con mi piel, ojos, manos y retrógradas pensamientos.
Todo se dice desde mí hace tanto tiempo,
no hay límite en esta farsa melodramática,
es una estafa cada paso desorbitado,
sin victoria posible.

viernes, noviembre 8

Pie de página

Quiero decirles, a aquellos que no lo sepan ya,
que Dios es aterrador de mil maneras,
pero sobre todo una en especial: nos confunde
con su tan reverenciada fe —y no una fe de erratas—
a seres blandengues como nosotros los humanos.
Ignoro por qué espera tanto de nuestro camino ciego,
por qué se vuelca en arrebatos místicos en busca
de un buen pensamiento, de una guerra santa
contra los hábitos cotidianos que nos hacen
lo que somos: huesos, sangre, pellejos, barro
que alguna vez tomó en sus manos invisibles.
Esto de la fe trae consecuencias funestas
a seres volubles que nos sostenemos en dos pies
si tenemos suerte, que no somos montañas.
Si fuéramos esos seres de luz de los que tanto hablan
los libros que se abrogan el derecho a lo divino,
no estaríamos aquí hablando, temerosos de salir
a una distancia poco prudente.

lunes, septiembre 30

Pista

Aquí todo es blanco como nubes de concreto una lámpara es una luna llena de luz líquida la miseria da misa una cátedra del espacio en un sínodo de manos guantes para lavar trastes medir las pulgadas de las pulgas acaloradas en el termostato la respiración una chimenea humeó más de la cuenta y cuenta historias de ladrillos junturas insectos allí anidan el agua presa en un molde de plástico a un extinguidor malhumorado le cuelga el flácido pene la nariz en una ciudad de madera pesa sus opiniones en una báscula de oro falsificado cada quien sigue sin prisa su camino de hormigas negras ha llovido todo este día negro los nervios se agrietan los nervios de la casa sensibles a la palabrería a las moscas de aguardiente a los dientes carcomidos por mariposas negras como las habitaciones del mal dormir mal respirar un zumbido de mosquito o de aleta dorsal recorre el aire dos asquilines descubren la línea invisible los lleva fuera de casa de su cabeza donde caben mil sueños comenzados y sin terminar van configurando la imagen abstracta de una rana que ha sido rey de la escuela en un momento de anillos y de filigranas de hilos acústicos mesas cojas en la orilla del sillón mueren letrinas el cemento alza la mano calla alacranes dibujan mapas en la alacena del vacío hoy la lluvia es saliva de lagartos con corbata me arranco un brazo lo sostienen mis dientes armo un escándalo de aspirinas un letrero al paso se estrella contra la vaca que pastaba rosa da coletazos a rinocerontes de un milímetro anidados en el viento de gaviotas rasgado por lunas en cuarto menguante merodean luciérnagas intranquilas botes de basura hechos confeti rompen tu cabeza cascarones hojas de maíz quemadas algodón.

M 30 09 19

*


jueves, septiembre 12

Contra los generosos

Hay que decirlo de una vez por todas: cierta estirpe de los generosos es maquiavélica, calculadora, execrable. Da asco. Exacerbada su aura en los meandros de la bondad, nos pontifican su propia versión de la verdad: esto que te doy con tan buena sonrisa te lo cobraré tarde o temprano. Más temprano que tarde, los generosos les disparan a todos sus dádivas si en algo faltaron a las reglas de cierta comunidad: yo me paso por el arco de mi triunfo las reglas que estén fuera de mi conveniencia, pero lo recompensaré con mi generosidad hacia ti y hacia el resto de una vez —remiendan su falta de cortesía, su tramposa ruptura con las reglas del juego, y de paso trabajan la voluntad ajena a su favor. Son padrinos de su comunión con los demás. Padrinos generosos que dispersan bolos al aire para que los más listillos llenen su bolsita con monedas de a peso. Eso es solo el inicio, habrá que ver cómo usufructan la generosidad invertida invirtiendo los papeles con la asunción feliz del regalado: pásale, faltaba menos, tan dadivoso, déjame devolverte con creces aquello que repartes por doquier, te pago la cuenta, te pongo la silla, madrina, padrino, lavo tus platos. Los generosos tienen un límite. A hurtadillas, en cierto entronque de esa su historia contada tantas veces ante públicos neófitos y ávidos, esperan los réditos de la generosidad invertida, el pago con intereses sobre intereses, que los hipnotizados por su generosidad pagarán gustosos por el placer de devolver parte de lo recibido: nunca terminaré de agradecerte hacerme sentir especial, me hiciste el día, das tanto de ti que me mueves a darte un poco de mí, cómo te aprecio, ya que me aprecias. Los intereses pueden ser en especie o emocionales, los unos traen consigo a los otros. Pero el generoso, valga decir, no tiene llenadero: siempre protagoniza la misma historia con actores secundarios ilusionados por rozar hombros con aquel a quien tanto le deben. Que tan bien habla de ellos en público y que en el fondo los mantiene —cual voluntariado— bajo su control: hace cálculos con cada nuevo acólito de su generosidad. Tan buenos que son, tan maravillosamente simpáticos, los generosos nos halagan con su saludo, su aceptación, su amable y anhelada sonrisa: son encantadores como serpientes en un desierto ávido de emociones. En algún momento esperan tu tan deseada bonhomía. Dásela porque quieres, anda, págales la cuenta. En cuanto vean mermada su imagen no dudarán en echar de nuevo monedas al aire, pequeño monaguillo.

sábado, septiembre 7

Ajuste

Con ganas de cambiar de forma,
quitarme los ojos como a tuercas
y colocarlos sobre la mesa girándolos
hasta que caigan al piso haciendo
un ruido metálico, de balines.
Cada órgano porta su propia enfermedad,
sus razones para permanecer aparte.
Los ojos llevan la delantera:
llenos de una pesada sustancia viscosa,
miopes y astigmáticos, miran
lo que quieren, hacia dentro,
donde los pulmones se inflan
y desinflan llevando aire fresco
a todo este mecanismo
que se ha vuelto en mi contra.

viernes, agosto 30

Ciber-diagnóstico

Me duele el pecho. Debe tratarse de una anomalía
en la estructura de mi fabricación, o tal vez
de un descuido en las especificaciones del manual
de procedimientos. Algo falla en mi subconsciente,
en mi cerebro positrónico que no engarza bien
con el resto de las terminaciones nerviosas,
este cableado que atraviesa tejidos plásticos, zonas
de solidez metálica y otras con suavidad de esponja.
Mi modelo se volvió obsoleto antes de tiempo
o me programaron para ser sustituido
por una cibernética creación armada en partes.
Algo falla detrás de mis costillas de Murano, algo
no está bien en el lugar donde debiera haber
un motor de hule que bombeara según las leyes
de la mecánica.

martes, agosto 20

No soy bueno para escribir poemas de amor

Si me atreviera a escribir alguno lo dedicaría
a una robot que comprendiera la red
de sinrazones de mi cerebro, o que al menos
la aceptara sin remedio ni remedo.
Un poema cibernético dedicado al líquido verdoso
que corre por sus conductos metálicos, que aligera
sus articulaciones, da rubor a sus labios y brillo
a sus ojos que cambian de color según las emociones.
Le llamaría como a la robot de esa serie rusa: Arisa.
Y sería como ella única, y recibiría de mí versos
de amor cortés, de amor metálico y aceitoso,
de amor en bits, de misterioso amor en bits.
Ella me protegería mientras dure su fuente energética,
mientras permanezca en su memoria,
me guarde como a usuario predilecto.
Yo cuidaría de ella en tanto practique conmigo
videojuegos, juegos de mesa, alternativos,
leyera obras de teatro en voz alta o cuentos eléctricos.
Ella me hablaría de mil formas: con voz meliflua,
voz de animal salvaje o de ave, voz de robot agonizante.
Mientras el mundo permanezca alejado
de nuestro enredo de cables, de hardware.

martes, agosto 13

Bien, todo bien

Si uno tuviera un reemplazo de sí mismo
en esos momentos en que parece no suceder nada,
que le va tan bien como puede irle a cualquiera.

domingo, agosto 11

Chismosos

Quisiera hablar bien de los chismosos. Me parece que ese murmullo que van dispersando por el mundo es un ejercicio de la ficción, una ingenua exposición de motivos a la que hay que mirar con ternura. Los chismes, se nos dice, son sabrosos. Pueden ser de un canibalismo feroz y aun así muchas veces no encontramos razones para abandonar lo que llamamos un buen chisme. ¿De qué hablaban, de qué chisme me perdí cuando no estaba? Quizá el chismoso no alcanzó a escuchar lo que de él decían. El chismoso no ignora que en cuanto les dé la espalda a otros chismosos será un suculento bocado más, su comidilla. Me intriga el sonido endurecido y a la vez suave de la che con que comienza el chisme. La che, que acompaña en nuestro vocabulario a tantas cariñosas palabrejas, en el caso del chisme se vuelve un tanto pesada, luego aguda al combinarse con la i, algo ácida, para que finalmente la consonancia entre seca y mullida de la ese y la eme den lugar a una vocal de género indeterminado. Si el chisme, dulce y ácido a la vez, picante sin duda, fuera una paleta, quizá sería de chamoy. Las revistas y los programas radiales o televisivos de chismes gozan de una salud de audiencia excelente. No cualquiera sabe transmitir un gran chisme —uno de esos que hacen levantar, más que las cejas, las antorchas de los vecinos, las lenguas afiladas. Las celebridades incluso aprovechan el foro para aumentar su publicidad desmintiendo el chisme, haciéndolo ver como una mera suposición de periodistas para ganar dinero, aunque la fama, como el chisme, es traicionera: materia dúctil en labios hábiles para el murmullo. Este aspecto, el del murmullo, llama especialmente mi atención. Una especie de zumbido que se niega a ser descifrado, escondido tras su carencia de articulación, de claridad. El chisme convierte el éxito o la felicidad ajena en tragedia propia. Flagrante malabarista del discurso, el chismoso no puede permitir que alguien ocupe un puesto que “no merece” o que debía ser suyo o de su amigo, que alguien tenga tal novio o novia que “no le conviene”, que alguien consiga un auto o una casa “aunque no tenga dinero para pagarla”, de ahí que fantasee con otra versión de los hechos, con sucedáneos, que siembre la duda e, incluso, a partir de ahí, busque cambiar la realidad. El chismoso es un entusiasta activista del  interés colectivo: no lo digo yo, por ahí andan diciendo, argumenta. Cuando el río suena agua lleva, dice un dicho tan popular como el chisme, pero entre chismosos cada quien lleva agua a su molino. “Shhhhh, ahí viene” es la recurrente expresión cuando va acercándose la persona objeto del chisme. La verdad es lo de menos, solo una pizca que le da sabor al caldo que el chismoso ha preparado en aras de borronear la noción que del o de los otros tenemos.

miércoles, junio 5

Atropello

Todo duele como si una bicicleta
me hubiera pasado por encima.
Como si a esa bicicleta la montara
una persona gorda e insidiosa.
Todo duele: los hombros malnacidos,
las manos debiluchas, los ojos amoratados.
Me hago como el que no quiere la cosa,
miro de reojo la vida transcurrir
como un hilito de tela de araña
que va creciendo y atrapándome.
Quién sabe qué haría sin este dolor:
tal vez me acostaría en la azotea
sin pensar en nada.

domingo, junio 2

Selfies

No me agradan los adictos a tomarse selfies,
siempre fotos de sí mismos como si necesitaran
verse todo el tiempo con diferente paisaje.
No creo en su enamoramiento personal,
ni que dure, ni que importe, ni tampoco creo
en su carisma de platos rotos. Algún día despertarán
engullidos por su propio yo, atascados en el mismo
rostro aunque se trasladen al fin del mundo.
Algún día todas las selfies juntas, una sobre otra
no serán más que una sola selfie infinita
que documenta el deterioro.

viernes, mayo 31

No soy

No tengo música en qué caerme muerto,
no tengo ni siquiera muertos que no lamente,
no tengo lamentos que duren porque son aburridos:
a veces quisiera ahogarme en un vaso de agua,
morir asfixiado con palabras que brotaran de mi boca
como peces que huyen. A veces no quisiera,
hoy por ejemplo, más que flotar hasta salir
por la ventana y desaparecer como un globo de helio
entre nubes y aves extrañadas. A veces, hoy,
tan solo quisiera dormir, dejar de escuchar el ruido
de mi cerebro, los alacranes que me rondan.
No soy yo el que se levanta cada día de su rutina
y mira los reflejos en la televisión apagada.


Publicado en Luvina núm. 98. https://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=3887&Itemid=87

lunes, mayo 6

Despegue

Atrás dejo un paisaje de cemento
rodeado de montañas, restos
de antiguos terremotos,
a una velocidad deslumbrante,
como si uno pudiera
de verdad
abandonar así su ciudad,
mirándola por arriba,
alejándose de sus azoteas,
del aire y las voces que retumban
en la cabeza como parvadas
que se alistan a migrar.

miércoles, mayo 1

No he salvado al mundo

He pasado por entre calles vacías
como si caminara sobre algodones,
fuera de mí, dentro de pensamientos
que no llevan a ninguna parte,
ni siquiera a mis propias manos,
a mis dientes, a mis piernas.
Es tal esta debilidad que me encierro
en un cubo con la puerta entreabierta
para que no pase demasiado sol,
ni demasiado aire o cielo.
La cortina deja mirar una línea azul
detrás de los barrotes de la ventana,
como si quisiera abrir una grieta.

lunes, febrero 4

Déjà vu de la infancia


Octavio Rebolledo era gris,
un niño sin ton ni son,
si bien solía ser amable
y no participaba en la práctica
cotidiana de joder a otros.
Ni a Chuyín le hacía mella.
Tranquilo, su sonrisa
hacía eco de sus chinos.
Una vez, de la nada
me tomó por sorpresa,
de espaldas, y empezó
a asfixiarme con fuerza.
No pude zafarme, sobre todo
me ganó el desaliento:
cómo, no lo comprendía,
se había vuelto contra mí.
Años después lo vi de cerca
en la biblio de la universidad.
Hablaba con voz amarillenta
y se movía con gracia
de hipopótamo. No sentí lástima,
solo un profundo aborrecimiento.

M 04 02 19

*

Domingos con el primo Javier


Recorríamos en bici calles empedradas,
pasábamos el río Chiquito, la unidad deportiva,
el Callejón del Diablo,
las ventanas ansiosas de tardes milagrosas,
la cuesta hacia el Templo de la Cruz.
Subíamos al vetusto molino de viento
para mirar las azoteas de los caseríos,
las hormigas con rebozo en la plaza,
la cascada de El Salto —un hilo dental en el cerro,
platicábamos del incierto futuro
antes de volver a internarnos
por desniveles y callejones que a pleno sol no parecían
contener las leyendas contadas por otros niños
en entretenidos velorios con chocolate caliente
y algunas piezas de pan.

Los cocamaniacos

Se hacían llamar así en la primaria. Yo los conocí después, cuando saltar una barda y huir de la escuela todavía significaba una victoria a festejar con Coca Colas y espaguetti mientras veían una película serie B en Bohemia Pizza. En la secundaria toda historia de escape resultaba mitológica, como el tesoro que los Goonies arrebataron a peligrosos piratas. Había que constatarlo: los héroes contabas sus aventuras con bombones alrededor de una fogata en el bosque de Tapalpa, antes de dormir bajo una mesa plegable y tiritando de frío porque la habían confundido con casa de campaña.

N 04 02 19

*

domingo, enero 27

Es un sueño

De esos en que uno está medio despierto
y puede manipularlos con la condición
de no abrir los ojos del todo.

Qué ironía

Toparse al morir
con el mismo
panorama.

Job

Cuánta fe tenía que aunque un rayo asesino y divino
fulminó a su familia, le fue otorgada otra.
Es como si Dios se formulara desde arriba
su propia versión del mundo.
No siente como nosotros, mira todo desde lejos
—el diablo es apenas una pequeña hormiga roja
con la que a veces habla.
Somos su creación más querida y apreciada,
su abominación y la prueba irrefutable
de que no solo existe,
también ha ido aprendiendo a hacer
una que otra broma.

Liquid Paper

Un imbécil se llevó
a las malas conmigo
en cuarto de primaria.
Era uno como tantos,
como cualquiera.
Atiné a ponerle apodo,
a despacharlo con desprecio.
Me esperó en el pasillo
a la salida, junto a tres
que me amenazaron.
No hubo puños, qué diablos.
Por alguna razón
aún tenía Liquid Paper
en mis manos,
así que al limpiar
las lágrimas surgidas
del odio, me llené
la cara de trazos blancos
como si quisiera
borronearla, hacerla añicos,
reescribirla.

Tiempo

Cómo sobreponerse
a tanto desperdicio.

sábado, enero 26

sábado, enero 19

Regreso de Los Ángeles

Recién viuda, mi tía Ana mira
por la ventanilla del avión.
Tal vez se pregunte qué se siente
estar envuelta —como su esposo—
en la bodega de equipaje,
abandonada de sus objetos,
pensamientos, sueños, deseos
en un país que siempre sintió ajeno.
La tierra nos hace y nos deshace
para moldear otros mejores o peores.

domingo, enero 13

Sentarse y secar

Ordenaba libros argentinos en el piso, clasificándolos
como recientes o más antiguos, poesía o novela,
cuando se me ocurrió lavar la pecera del pez Naruto
y, justo al sacarle el motor, un breve chorro de agua
vino a mojarlos. Ya había tenido una experiencia
semejante, por lo que la sorpresa y la desesperación
fueron automáticas: pude hacer a un lado a la mayoría
mientras el agua se ensañaba con otros cuantos.
Los puse a secar como a trapos en una mesa.
Esto recuerdo ahora que abro El paisaje interior
de Mirta Rosenberg: una oleada de olor a pez
acompaña mi lectura, un entrañable vaivén
que se destila poco a poco, verso a verso.

Invasión

La lámpara del cuarto es una inmensa nave espacial
con múltiples tentáculos, a punto de arribar
o de soltar, además de polvo, extraterrestres
—armados hasta los dientes o lo que sea que tengan
en aquello que bien podría ser una boca—
y un espectáculo de luces y letales acrobacias.
Dejaré los pensamientos pasar, hacer un hoyo
en el cerebro y esconderse allí, los cobardes,
a esperar un mejor momento para disponerse
a salvar la tarde de esta invasión de figuras magenta.

sábado, enero 12

Todavía recuerdo la estatua

de Francisco Zarco a la salida de la escuela,
casi siempre con una lata de refresco colgada
de la pluma que sostenía con extraña solemnidad,
como si jugara con un balero, como si de pronto
despertara de un sueño del siglo XIX
y comenzara a mirar la tarde.

miércoles, enero 9

Disertación

El durazno está allí, en la banqueta,
y me pregunto si eso será importante,
teniendo en cuenta las resoluciones
que a cada microsegundo toma la naturaleza.
Y en la naturaleza del durazno está
no ser consciente ni de su suavidad ni de su
resquebrajadura ni de su tintura rosácea ni de su brillo
contra el sol que todo lo vence y transfigura.
Pero en la razón de ser del durazno no es lo mismo
—seguramente— estar atravesado por la llanta
de una bicicleta que en mi mano, siendo observado.
Aunque vaya a tirarlo en la primera oportunidad
porque está pasado y no me gustan las frutas así.
De manera que la banqueta vuelve a ser relevante
—hipotéticamente para el durazno—
y no importa si alguna vez le di existencia o
me la dio a mí en tanto lo pensaba.

jueves, diciembre 27

Partogénesis

Permanecen libros que me han regalado
y no me he atrevido a expulsar de mis repisas,
con versos entusiastas y desafortunados.
El día empieza a sumergirse en la oscuridad
y ya estoy cansado de reordenar por temas,
títulos, por familias semánticas o enemistades
(divierte contraponer a un autor con su antítesis).
He experimentado una transformación:
la de quien —ingenuo— piensa que su salud vendrá
si encuentra las ideas en su lugar.